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Historia del Barbet

Historia del Barbet


Barbet“Es el ancestro del caniche”. Es lo que se suele decir del barbet. En realidad, este perro pertenece a una raza muy antigua, y los cinólogos le atribuyen los orígenes más diversos. Al parecer, el barbet existía en África del norte a comienzos de nuestra era y entonces se le empleaba en la guarda de rebaños. Después aparece en la península Ibérica con los perros de agua españoles y portugueses.

El barbet fue importado a Francia seguramente por los moros durante las invasiones del siglo VII. Cuando los árabes fueron derrotados, abandonaron el país dejando este animal que, a lo largo de veinte años de ocupación, tuvo tiempo de reproducirse e implantarse. Unos siglos después, el barbet también se instaló en los países del este europeo gracias a las invasiones turcas.

Así pues, este perro se difundió muy pronto por los países occidentales. Las razones de su implantación están relacionadas con la relativa pobreza de la población canina local, especialmente en las Galias. En la época merovingia, las Galias estaban cubiertas de inmensos bosques, la agricultura estaba poco desarrollada y la caza ocupaba un lugar importante en las actividades cotidianas, razón por la cual las razas más extendidas eran de perros sabuesos, dogos y quizá lebreles. Pero no había perros de pastor ni perros de muestra ni perros de compañía. Era lógico que el barbet ocupara un lugar que había quedado vacante; más fácil de alimentar que el dogo y menos turbulento que el perro sabueso, se le podía utilizar en la caza, algo que era muy apreciado por los campesinos que en aquella época no podían servirse de las razas reservadas a las familias nobles. Por si fuera poco, el barbet resultó ser un buen guardián de rebaños y de casas.

Observando las aptitudes de tal o cual ejemplar es cómo se empezaron a seleccionar diferentes tipos de perros. Por ejemplo, cuando se vio que el barbet era más hábil que sus congéneres para seguirle el rastro a la caza, se reservaron sus cachorros para la caza. Así se afirma que contribuyó al nacimiento de varias razas de Francia, España o Inglaterra.

Se suele decir que el primer descendiente del barbet fue el “español”, ancestro del epagneul, que, como su nombre indica, nació en España. Asimismo, según una teoría europea, contraria a la versión norteamericana, el terranova habría nacido del barbet. Y en efecto, en los navíos franceses e ingleses del siglo XVIII se encontraban barbets, que coincidían con los vascos que iban a Terranova. La afición al agua del terranova le vendría del barbet.

En los Pirineos, el barbet pudo contribuir al nacimiento del pastor catalán, en la vertiente española, y del pastor de los Pirineos, en la francesa. En la cuenca parisiense engendró al briard, y a primeros de siglo todavía se encontraban pastores de Brie con el pelo del barbet. Un pelo que también se encuentra en el bergamasco en Italia. Algunos piensan que el bobtail y el bearded collie de Inglaterra descienden en parte del barbet.

La asociación del barbet con un perro sabueso permitiría crear el griffon.

Así resumida, esta evolución puede parecer rápida. Pero no hay que perder de vista que se produjo a lo largo de más de mil años. El barbet era omnipresente en los campos, y resulta normal que se empleara en diversas tareas. Pero aunque diera nacimiento a varias razas, no dejó de conservar su tipo original.

Algunos barbets especializados en la caza acuática se convirtieron en Francia en los únicos perros eficaces en esa tarea. En el siglo XIX, se utilizaba el barbet a bordo de los barcos para cobrar las aves acuáticas que los marinos mataban o para recuperar todo lo que cayera al agua.

Pero en esa época ya no se sabe muy bien si hay que hablar todavía de barbet o más bien de caniche. El perro introducido en Francia por los moros fue también el padre del caniche, una paternidad causante en parte de su pérdida pero que, paradójicamente, contribuyó a su reputación. El caniche es el resultado de la evolución en los gustos de la cinofilia. En el siglo XVIII, el color de la capa de los perros era el criterio dominante para escoger y los ejemplares unicolor, negros o blancos, empezaban a ser los que más gustaban al público. Los barbets, negros y blancos, se cruzaron con un epagneul y así nació el “barbet pequeño”, o sea, el caniche. Cuando este se afinó con el paso de los años y su pelo se volvió más rizado y menos lanoso, se dejo de llamarle barbet, y las dos razas quedaron diferenciadas, convirtiéndose la ultima en la más popular porque respondía mejor al gusto de la época.





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