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Pekinés

Esperanza de vida11 - 13 años
PesoMacho:3 - 6 kgHembra:3 - 6 kg
AlturaMacho:15 - 23 cmHembra: 15 - 23 cm
Pedigrí
ApodosPekingese, Pékinois
Características
Tamaño
Ejercicios necesarios
Fácil de entrenar
Cantidad de desprendimiento
Necesidades de aseo
Bueno con los niños
Salud de la Raza
Costo de manutención
Inteligencia
Tolera estar solo
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Introducción de la Pekinés

La leyenda cuenta que el Pekinés nació del amor de un león con una mona. El rey de la selva se enamoró locamente de una mona y sacrificó su tamaño y su fuerza por este amor. Así nació el Pekinés, que heredó el valor, la nobleza y el orgullo de su padre, y el tamaño, la inteligencia y la dulzura de su madre.

Origen

Sobre el Pekinés se han encontrado las primeras documentaciones en grabados coreanos de hace 4000 años. En el siglo VIII ya se lo conocía por ser el capricho de la familia imperial de China. Y durante muchos años, este perro fue el privilegio de los nobles chinos y el perro oficial del budismo. La implantación del Pekinés en occidente se produjo a mitades del siglo XIX gracias a las importaciones de Gran Bretaña.

Comportamiento

El Pekinés es independiente, muy digno, refinado, a veces engreído y cree que puede hacer lo que quiera. Con los extraños se muestra indiferente pero con los suyos es apegado y atento.
Le repugna el ejercicio físico.

Aspecto

El Pekinés es un perro pequeño, compacto y pesado. La parte delantera de su cuerpo es muy masiva y ancha, y la trasera, más normal y bastante estrecha. La cabeza es relativamente grande en relación al cuerpo. Tiene unas orejas pegadas contra la cabeza y llenas de unos flecos muy largos que se le confunden con el resto del pelaje. Tiene un pelo abundante, largo, recto y un poco áspero. Se admiten todos los colores en el pelaje excepto el albino o el color hígado.

Cuidados específicos

El Pekinés es difícil de educar, atiende a los halagos y caricias y no a las órdenes. Necesita una dieta equilibrada desde cachorro para prevenir la obesidad.
Debido a su larga melena, los cuidados de este pelo deben empezar a temprana edad y son más exigentes al surgir el pelo adulto. El cepillado de pelo requiere un par de horas a la semana pero no necesita ningún corte ni peinado especial.

Salud

La mayoría de los problemas de salud del Pekinés se deben a su estructura, es propenso a cálculos del sistema urinario y degeneración de discos intervertebrales. Los problemas más frecuentes son los oculares, desde enfermedades como cataratas juveniles hasta irritaciones por el pelo, distiquiasis, atrofia progresiva de retina y “ojo seco”.

Aparte del aspecto atractivo de la raza, el Pekinés es un perro pequeño y encantador que posee dignidad y calidad junto con un temperamento leal y valiente. En inglés se les conoce popularmente como «Pekes» y mucha gente les adora, incluso aunque no tengan uno, y es fácil entender por qué.

Su pelaje es atractivo, pero mantenerlo con un buen aspecto requiere bastante esfuerzo, así que es esencial tener esto presente antes de decidir si es la raza adecuada para usted.

Características físicas

Se trata de un perro de tamaño reducido, robusto, que debería parecer pequeño pero que tendría que ser sorprendentemente pesado al cogerlo. El peso ideal para los machos no supera los 5 kg y en el caso de las hembras los 5,5 kg. Al contrario que en la mayoría de las razas, los machos tienen un tamaño algo menor que el de las hembras.

El Pekinés es robusto, tiene una gran cabeza y es, proporcionalmente, más ancho que alto. Sus ojos redondos y negros son brillantes, y con su trufa chata y con su pigmento negro es difícil no enamorarse de esta raza tan especial.

  • Colores y capa

El pelaje completo del Pekinés se puede comparar con las joyas de la corona de esta raza, pero para mantenerlo en este estado hace falta tiempo y dedicación. El Pekinés no sólo tiene un pelaje largo, sino también una subcapa densa, por no hablar de la gran melena que cubre sus hombros y los bigotes largos que crecen hacia abajo desde la mandíbula. Esto significa que el mero acicalado de su capa externa puede dar un aspecto general razonablemente bueno, pero en poco tiempo, empezarán a formarse nudos en la subcapa. Los nudos y las bolas de pelo son increíblemente difíciles de eliminar si se les permite crecer, así que se debe tomar muy en serio este aspecto antes de encapricharse con esta raza.

Las sesiones de acicalado diarias y breves pueden suponer una gran diversión tanto para el propietario como para el perro, y los cepillados deberían iniciarse tan pronto como su nuevo cachorro llegue a casa. Los buenos cuidados no sólo resultarán beneficiosos para el aspecto de su perro, sino también para su salud. Una capa descuidada puede convertirse en un caldo de cultivo para los parásitos y, debido a su densidad, esto puede pasar desapercibido hasta que la salud de su perro se vea afectada.

Se pueden encontrar Pekineses de muchos colores, todos ellos permitidos e igualmente valorados, con la excepción de los albinos y los de color hígado. Los particolores deberían tener claramente separados los colores. Observando algunas fotografías de este libro verá parte de este amplio surtido de colores. Aunque no hay mención alguna de una máscara negra en el estándar de la misma, a la mayoría de los criadores y de los jueces les gusta que los Pekineses la tengan, lo que logra un hermoso conjunto con la encantadora trufa negra.

Como en el caso de esta raza no hay preferencias en cuanto al color, el propietario no debería obsesionarse por este aspecto. Dicho esto, es natural que haya gente que tenga preferencias personales por un determinado color, al igual que les puede pasar en el caso de la ropa o de los muebles. Lo que realmente importa es la calidad en cuanto a la constitución del perro, la calidad de su pelaje y su temperamento. De todas formas, si va a escoger un animal para tenerlo como mascota, el color puede ser un factor decisivo y esto es algo perfectamente comprensible. Después de todo, no tiene sentido alguno comprar un Pekinés negro y pensar, durante los 14 años siguientes, que fue una lástima no haber adquirido unode color dorado, que era el que usted prefería en realidad.

  • Colas

La cola del Pekinés está implantada alta y se lleva tiesa y ligeramente curvada por encima del dorso, así que es improbable que provoque tantos destrozos en casa como podría la alegre y entusiasta cola de un perro grande como un Dálmata o un Labrador Retriever. De todas formas, los largos flecos de la cola necesitarán atenciones regulares y acicalado y nunca debe descuidarse.

  • Espolones

Aunque no hay estipulación alguna respecto si se deberían amputar o no los espolones en el caso del Pekinés, a muchos criadores les gusta extirparlos cuando los cachorros tienen tres días de vida. Esto hace que el cuidado de las uñas resulte más fácil bajo el largo pelaje del perro adulto. Si a su Pekinés no se le han amputado los espolones, se deberán vigilar y cortar sus uñas regularmente. No se desgastarán de forma natural, ya que no están en contacto con el suelo. Si se permite que crezcan en exceso, lo harán curvándose y podrían clavarse en la pata, lo que provocaría un fuerte dolor y probablemente necesitaría asistencia veterinaria.

Personalidad

Aunque el Pekinés debería ser valiente, no es una raza agresiva. De todas formas, no debería ser tímido. De hecho, el Pekinés ha sido conocido desde hace mucho tiempo por su despreocupación bastante majestuosa por el resto de criaturas, una característica que fascinó a la emperatriz Tzu Hsi.

Tan dignos como puedan llegar a ser, muchos Pekineses disfrutan enormemente divirtiéndose con un juguete, aunque los propietarios deberían tener en cuenta que, como la raza tiene un hocico tan chato se le deberían proporcionar juguetes bastante planos, ya que no podrán sujetar una pelota con los dientes. En general, no es una raza destructiva y un juguete adecuado satisfará usualmente y de forma bastante adecuada su necesidad de disponer de algo para morder.

Mucha gente parece ser de la opinión de que a los Pekineses no les hace falta, en realidad, hacer ejercicio, pero esto no es totalmente cierto. Todos los perros necesitan hacer ejercicio para mantener un buen tono muscular y evitar la obesidad. De todas formas, los Pekineses se sentirán felices dando una vueltecita por el jardín, si eso es lo que corresponde al ritmo de vida del propietario. Por supuesto, la mayoría estarán más que contentos yendo a dar un paseo, pero se deberían evitar las zarzas debido a su pelaje. También debería recordarse que pueden moverse con bastante rapidez cuando quieren.

Pekineses de manga

Los Pekineses conocidos como «de manga» son versiones en miniatura de esta raza y pueden aparecer en una camada de cachorros de talla normal, incluso siendo el padre y la madre del tamaño normal. A algunos criadores les gusta quedarse con algunos buenos machos «de manga» para usarlos como animales de cría, pero las hembras enanas no suelen utilizarse con este fin, ya que podrían dar lugar a cachorros de talla normal y lo pasarían muy mal a la hora del parto.

Los perros de manga siempre fueron muy apreciados por la familia imperial china y todavía tienen seguidores muy aficionados en la actualidad. Incluso tienen su propio club para perros de manga. Generalmente se puede escoger a un Pekinés que acabará siendo de manga a una edad bastante temprana y probablemente tendrá un aspecto bastante crecido cuando sea muy joven.

Aspectos de salud a tener en cuenta

A pesar de ser un perro pequeño y chato, el Pekinés es, en general, una raza sana y robusta. Se dice que parece tener una resistencia innata a las enfermedades y muchos tienen un increíble poder de recuperación. Es difícil saber a qué podría ser debido, pero podría remontarse a la selectiva y cuidadosa cría que se llevaba a cabo en las cortes imperiales chinas.

Cuando se siente enfermo, el Pekinés, al igual que otras razas caninas, puede ser bastante arisco, pero debe reconocérsele el mérito de que hará todos los esfuerzos posibles por recuperarse rápidamente. Aunque no se pueden abarcar todas las enfermedades en un libro de este tipo, la prevención vale más que la curación, así que puede que los siguientes consejos sean útiles para indicarnos sobre algunos de los problemas que podrían surgir.

  • Trufa y garganta

El Pekinés es una raza braquicefálica (tiene unos huesos nasales cortos, lo que se pone de manifiesto por su hocico chato). Debido a esto, tiene mayor tendencia a sufrir más problemas nasales y respiratorios que las razas de hocico más largo, aunque gracias a la cría cuidadosa estos problemas son menos frecuentes que antaño. De todas formas, cualquier estertor o ronquido excesivo debería ser examinado por un veterinario, incluso aunque sólo sea para asegurarse de que nada va mal.

Algunos Pekineses son susceptibles a las faringitis y tonsilitis, pero éstas, aunque molestas, no suelen ser muy graves y se pueden tratar rápidamente. De todas formas, a veces pueden suponer el preludio de otras enfermedades, así que deben ser sometidas a examen. Los Pekineses pueden, a veces, padecer algo muy parecido a un resfriado humano, con sonidos acatarrados y unaligera fiebre. De nuevo, si se detecta pronto, la asistencia veterinaria podrá, frecuentemente, remediarlo sin grandes problemas.

Los resoplidos no suelen suponer un problema, pero es algo que puede preocupar a un propietario novato y desinformado. Es algo bastante frecuente en todas las razas chatas. Debido a la elongación del paladar blando, el perro respira, repentinamente, a golpes cortos y bruscos, tiene un aspecto muy tenso y está de pie. Esto suele suceder debido a que el perro se excita mucho y generalmente sólo dura unos pocos segundos. Aunque no es un problema grave, puede resultar alarmante y siempre debería ser estudiado por el propietario. Pueden existir otras razones para estos resoplidos. Por ejemplo, podría haber una semilla de hierba atorada en la cavidad nasal y ésta debería ser, por supuesto, retirada inmediatamente.

  • Corazón

Se ha publicado que se dan enfermedades cardiacas en los Pekineses y que no son exclusivas de los perros ancianos. De todas formas, existen muchos tipos de enfermedades cardiacas y no todas son hereditarias. Obviamente, cualquier síntoma anómalo debería ser examinado concienzudamente por un veterinario, aunque, por supuesto, muchos Pekineses llegan a vivir muchos años sin problemas cardiacos.

  • Ojos

Debido a los ojos bastante prominentes de esta raza, no es difícil que se los dañen. Una úlcera puede ser provocada por una rascada o incluso por un golpe que pudiera haber pasado inadvertido. De todas formas, ante el primer síntoma de un problema ocular se debería consultar con el veterinario, ya que la actuación rápida puede llevar a un total restablecimiento de la vista y no a una pérdida parcial o total de la misma.

Tenga especial cuidado de que las semillas de la hierba, las pelusillas o el pelo no se acumulen en los ojos. Un síntoma temprano de esto puede ser el excesivo lagrimeo.

Algunos Pekineses padecen de ojo seco, que puede aparecer por muy diferentes razones. Si se sospecha esto, el veterinario debería confirmarlo y recetarle un tratamiento para aliviar el problema.

  • Extremidades

Muchas razas miniatura y otras de pequeño tamaño tienen problemas con sus rodillas y esto se conoce como luxación patelar o rotuliana aunque, por supuesto, pocos animales están afectados. Es importante que el perro no esté muy gordo, ya que esto tendería a empeorar el problema. Muchos perros con luxación rotuliana viven con este problema sin experimentar dolor, pero a veces deberá pensarse en una operación quirúrgica (frecuentemente es exitosa).

  • Dorso

No se debería animar a los Pekineses a que saltaran desde los muebles, ya que, al igual que otras razas de dorso largo, frecuentemente sufren problemas relacionados con los discos intervertebrales. Por supuesto, la mayoría de los Pekineses viven una vida perfectamente sana sin problemas de este tipo, pero se debería tener presente que este problema podría surgir.

  • Dientes

Al igual que con muchas de las razas de pequeño tamaño, muchos Pekineses pierden sus dientes a una edad relativamente temprana. Por ello, es importante prestar especial atención al cuidado de los dientes y las encías para que se conserven lo más sanas posibles, previniendo de esta forma las caries, las infecciones y las consiguientes pérdidas de piezas dentales.

La infección de las encías puede no detenerse ahí. Las bacterias causantes de esta infección pueden entrar también en el torrente sanguíneo y dar como resultado enfermedades hepáticas, renales, cardiacas y articulares. Todo esto supone una razón de más para darse cuenta de que los buenos cuidados dentales son de la máxima importancia a lo largo de la vida de un perro.

  • Mal aliento

La halitosis suele ser el resultado de problemas dentales y gingivales, aunque también puede ser provocada por la indigestión o a veces estar relacionada con los riñones. En caso de problemas digestivos, el carbón activado, ya sea en forma de tabletas o gránulos, ayudará a aliviar el problema. Una buena solución para enmascarar el mal aliento es el uso de tabletas de clorofila.

  • Orejas-oídos

Los síntomas de una infección del oído son una descarga marronosa y maloliente que da lugar a que la oreja se enrojezca, se inflame y se irrite. En esta etapa, el perro se rascará y puede que tenga la cabeza ladeada debido al dolor. Es importante mantener siempre limpias las orejas y el oído externo, pero si aparece una infección, el veterinario le recetará unas gotas adecuadas como tratamiento.

  • Semillas de hirba

Debido a que son de baja estatura, tienen un pelaje largo y unas orejas también largas, a los Pekineses les pueden quedar enganchadas semillas de hierba que pueden atravesar la epidermis. Frecuentemente quedan prendidas en el pelaje, pero a veces pueden llegar hasta la piel y provocar dolor e incluso abscesos. Pueden incluso quedar clavadas en los orificios nasales o entre las almohadillas de los pies. Así, es importante examinar el pelaje después de un paseo, especialmente a finales del verano y principios del otoño. Cualquier síntoma de incomodidad debe ser investigado de inmediato.

  • Sensibilidad al calor

Los Pekineses tienden a no tolerar las temperaturas extremas, debido en parte a su profuso pelaje. Por ello, se debería tener cuidado en no ejercitar a un Pekinés cuando el calor sea excesivo.

  • Otros problemas de salud

Hay muchos otros problemas de salud que los perros pueden sufrir, pero no es posible exponerlos todos aquí. A medida que vaya conociendo a su Pekinés, también reconocerá cuándo no se encuentra bien, en cuyo caso el veterinario podrá ayudarle y proporcionarle unos cuidados adecuados.

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Historia de la Pekinés

El Pekinés tiene una historia muy rica y es, merecidamente, una raza que tiene gran popularidad en todo el mundo. Criado meticulosamente durante siglos por los soberanos de la China imperial, el Pekinés era un animal muy apreciado en los palacios reales, donde vivía separado del resto de perros.

Aquellos ejemplares que estaban en los palacios eran de mejor calidad que los que tenía el pueblo llano, y estos últimos eran de tamaño algo mayor y con un aspecto general más recio. Los perros de las casas reales eran a veces regalados a otros monarcas asiáticos y, sin duda, algunas de esas líneas transmitieron ciertas características a otras razas orientales. El Chin japonés, el Carlino (Pug), el Tibetan Spaniel y el encantador Perro Happa (que significa «perro de debajo de la mesa»), que se parecía bastante a un Pekinés de pelo corto, son algunos ejemplos obvios. Aunque razas como éstas todavía tienen lazos lejanos, su relación en la Edad Media era más estrecha que en la actualidad.

Se cree que en la antigüedad el Pekinés sólo era tenido por los más altos dignatarios de la corte, por aquellos de sangre real. Del mismo modo que el pueblo llano era obligado a no mirar al emperador, también se les exigía apartar la vista, bajo pena de muerte, siempre que apareciera un Pekinés. Ciertamente, este perro era tenido en muy alta estima (hay quienes dicen que hasta era considerado sagrado). Había incluso Pekineses a los que se les habían entregado galardones literarios. A uno se le entregó la Orden Oficial del Sombrero, que se podría comparar con el actual Premio Nobel de la Paz.

El Pekinés en el arte

Podemos ver claramente, en el arte chino, que el Pekinés y el Carlino eran dos razas bastante apartadas, y esto se hace evidente en los cuadros de la China Imperial. Miles de años antes del inicio de la era cristiana, los perros aparecían en las obras de bronce chinas y más tarde aparecieron perros pequeños parecidos a un león hechos de cerámica y porcelana. En el arte budista chino se utilizó frecuentemente y de forma simbólica un león mitológico sagrado y al final se permitió que fuera el Pekinés el que lo representara.

Los cuadros de los siglos XVII y XVIII nos dan una buena idea de los perros que se criaban en el Palacio Imperial, ya que se solía encargar con frecuencia a los artistas de la corte que retrataran a los perros de palacio. Había un pergamino concreto, pintado delicadamente por Tsou Yi-Kwei, que mostraba a un centenar de perros.

En el arte del siglo XVIII, el Pekinés seguía un patrón bastante convencional. Este perro casi siempre tenía unas manchas bastante uniformes y una expresión similar, con unos ojos grandes y saltones. Incluso hasta finales del siglo XIX, la emperatriz viuda Tzu Hsi, conocida por el gran aprecio que sentía por los Pekineses, siguió este estilo en sus propios cuadros, al igual que lo hizo su profesora de pintura.

Ciertamente, hay muchas obras valiosas en el arte chino en las que abundan los retratos del Perro León, que era el nombre que recibía el Pekinés. Muchos se conservan en museos abiertos al público, pero otros más pertenecen a colecciones particulares. Durante el siglo XIX, los cuadros se parecían enormemente a ejemplares reales y aparecían pintados como hermosas miniaturas en abanicos, cajitas para el rapé, farolillos, biombos y cofrecillos.

La emperadora Tzu Hsi

Como princesa de Pequín, Tzu Hsi era muy aficionada a todos los animales pequeños y los pájaros canoros, y siempre tenía tiempo para dedicarse a sus amigos los animales. Como anciana fue conocida, cariñosamente, como «Vieja Buda» y continuó con su gran interés por la cría de perros hasta el fin de sus días como emperatriz.

Antes de ella, a los perros pequeños se les impedía, por costumbre, el crecimiento mediante métodos mecánicos y fármacos. Esto permitía llevarlos en las mangas de los vestidos de las damas cuando estaban en la corte, lo que originó el nombre «perro de manga». De todas formas, la emperatriz puso fin a estos métodos y fomentó los naturales, entre los que se incluía la cría selectiva como medio de mantener pequeño el tamaño.

La mayoría de sus Pekineses eran del color de la marta cibelina o rojo oscuro, pero le gustaban muchos colores y también tenía ejemplares negros, particolores y blancos. Incluso se dijo que algunos de ellos eran criados para hacer conjunto con el color de las peonías y de la fruta que crecía en las riberas de los lagos de los terrenos del Palacio de Verano.

Aunque su referencia se hace bastante extensa, en la opinión de la autora, ningún libro acerca del Pekinés estaría completo si no incluyera la interpretación de la descripción de la emperatriz Tzu Hsi ni los consejos acerca de esta raza. Se dijo que estas palabras eran «perlas derramadas por los labios de Su Majestad Imperial Tzu Hsi, emperatriz viuda del florido país de Confucio»:

Permite que el Perro León sea
pequeño;
permite que lleve la ancha
esclavina de la dignidad
alrededor de su cuello;
permite que muestre el undoso
estandarte de ostentación
sobre su dorso;

Permite que su cara sea negra;
permite que su parte delantera
sea vellosa;
permite que su frente sea recta
y baja,
como la frente de un luchador
por la armonía imperial.

Permite que sus ojos sean
grandes y luminosos;
permite que sus orejas estén
implantadas como si fueran las
velas de un junco de guerra;
permite que su trufa sea como
la del Dios Mono de los indios.

Permite que sus patas
delanteras estén dobladas,
para que así no quiera irse
lejos,
ni abandonar los recintos
imperiales.

Permite que su cuerpo tenga la
forma
como la de un león cazador
que espía a su presa.
Permite que sus pies tengan
flecos
con mucho pelo para que sus
pasos no hagan ruido;
y en cuanto a la pompa de su
estandarte,
permite que rivalice con la
cola del yak tibetano,
que crece para proteger a la
camada imperial
de los ataques de los insectos
voladores.

Permite que sea vital,
que pueda entretenerse con
sus brincos;
permite que sea discreto,
que no se ponga en peligro;
permite que sea de hábitos
amistosos,
que pueda vivir amistosamente
con otros animales,
peces o aves que encuentran
protección en el Palacio
Imperial.

Y en cuanto a su color
permite que sea el del león: de

un cibelino dorado,
para poder ser llevado en las
mangas de una vestimenta
amarilla,
o del color de un oso rojizo,
o de un oso negro, o de un oso
blanco, o listado, como un
dragón
para que así haya perros
adecuados para cada una de
las vestimentas imperiales.

Permite que venere a sus
antepasados,
y deposita ofrendas en el
cementerio de perros
de la Ciudad Prohibida con
cada luna nueva.
Permite que se comporte con
dignidad.
Permite que aprenda a morder
a los demonios extranjeros al
instante.

Permite que sea delicado con
su comida
así se le conocerá como el
Perro Imperial
por su exquisitez.

Aletas de tiburón
e hígados de zarapito
y pechugas de codornices, esto
se le podrá dar de comer;

y en cuanto a la bebida
dale el té fermentado a partir
de los capullos primaverales
de los arbustos que crecen en
la provincia de Hankow,
o la leche de los antílopes
que pacen en los Parques
Imperiales.

Así conservará su integridad y
respeto por sí mismo.
Y el día que esté enfermo,
permite que se le unte
la grasa purificada de la
pierna de un leopardo
sagrado,
y dale de beber una cáscara de
huevo de zorzal llena del
zumo
de una chirimoya en el que se
habrá disuelto tres pizcas
de cuerno de rinoceronte
triturado, y aplícale
sanguijuelas moteadas.

Así permanezca: pero si
muere,
¡recuerda que tú también eres
mortal!

La emperatriz era extremadamente consciente y metódica, tanto en su trabajo como en sus aficiones y, aunque a veces podía ser flexible, en otras ocasiones podía ser bastante implacable. Sin duda, se convirtió en una de las grandes emperatrices de Oriente y fue comparada, a su manera, con la reina Victoria de Inglaterra. La emperatriz viuda Tzu Hsi falleció en noviembre de 1908. Al año siguiente se enterraron sus restos en un funeral que costó la mitad que cualquier otro funeral real hasta la fecha. Uno de sus Pekineses favoritos fue delante del féretro hasta llegar a la tumba. Se trataba de Moon-tan (que significa «peonía») y tenía una mancha amarilla y blanca en la frente. Este suceso guardaba reminiscencias con el fallecimiento del emperador T’ai Tsung, hacía unos 900 años. Su perro, Tao Hua, que significa «flor del melocotonero», siguió a su amo hasta el lugar de su último descanso, y allí murió de pena, se dice, a los pies de la tumba imperial.

Se dice que el perro de la emperatriz también murió de pena, pero otros creen que Moon-tan fue robado y vendido por uno de los eunucos.

La guerra de la flecha

Hubo una guerra, conocida como la Guerra de la Flecha, en la década de 1860 entre China y los aliados occidentales. Se evacuó la casa imperial de Pekín poco después de que los invasores llegaran a la Ciudad Prohibida. De todas formas, olvidaron a cinco Pekineses en el palacio de verano. Se creía que habían pertenecido a una tía del emperador, que decidió no huir, sino quedarse y suicidarse. Los oficiales británicos prendieron a estos perros y se los llevaron a Gran Bretaña, siendo éstos los primeros ejemplares de los que se tiene constancia que llegaron a aquel país. Uno de ellos, una hembra, era excepcionalmente pequeña y era llevada en la gorra militar del teniente Dunne. La rebautizaron como «Looty» y fue presentada ante la reina Victoria, bajo cuyo cuidado quedó hasta la muerte del animal, en 1872.

Looty era de color leonado y blanco y pesaba aproximadamente 1,4 kg. No tenía unos flecos de pelo densos y se parecía más bien a un Lo-sze, que era un tipo de Pekinés de pelo liso. Parece ser que Looty vivía en el castillo de Windsor, pero lo más probable es que pasara la mayor parte del tiempo en las perreras y no como mascota en el castillo. Fue retratada en un cuadro de 1863, obra de un pintor protegido por Sir Edwin Landseer.

Los otros cuatro fueron llevados a ran Bretaña por Lord John Hay y Sir George Fitzroy. Los dos que trajo el primero eran un macho blanco y negro (Schlorf) y una hembra (Hytien), que pesaba poco más de 2 kg y era de un color castaño oscuro con una máscara oscura. Lord Hay se los regaló a su hermana, la duquesa de Wellington y, con la ayuda del macho, que vivió hasta los 18 años, pudo hacer que la raza siguiera viva en Strathfieldsaye. Los otros dos eran bastante pequeños, de color castaño oscuro y con la máscara oscura. Fue a partir de estos dos de quienes derivó la línea Goodwood.

Existen varios relatos del saqueo del Palacio de Verano, que tuvo lugar a finales de 1860. Uno de ellos explica que se lanzó a seis Pekineses a un pozo antes que dejarlos en manos de los «demonios extranjeros». Ciertamente, los pozos eran utilizados para muchas cosas, además de para sacar agua, y entre ellas se incluía la eliminación de la principal concubina del emperador. Es muy posible que se sacaran, a escondidas, más perros de palacio y que éstos fueran vendidos por los eunucos a importantes nobles chinos. Lo cierto es que se encontró a muchos de estos perros fuera de los muros de palacio y se pensaba que se parecían mucho a esos delicados ejemplares.

Primeros ejemplares británicos

Como hemos visto, la cría de Pekineses tuvo lugar en Strathfieldsaye y en Goodwood, y hacia finales de la década de 1890 había por lo menos 17 Pekineses en Fulmar Palace (Slough, Inglaterra) en manos de Lord John Hay. Él llamaba a estos perros Peking Spaniels y escribió relatos muy interesantes acerca de sus bufonadas. Incluso navegaban por el lago en pequeñas balsas y llevaban a cabo maravillosos ejercicios gimnásticos.

El criadero Goodwood ya era famoso, puesto que había sido fundado en 1787 para alojar a las jaurías de Foxhound de Goodwood. Hacia finales del siglo XIX parece probable que los Pekineses fueran tenidos como mascotas en Goodwood House, donde se había tenido a otras razas pequeñas. La duquesa de Richmond (propietaria de este criadero) regaló algunos Pekineses a amigos íntimos. En esta época, y como cabría esperar, la mayoría de aficionados a esta raza eran miembros de la aristocracia.

Finales del siglo XIX y principios del XX

Desde el final de la Guerra de la Flecha, a lo largo de la rebelión de los bóxers de 1900 y hasta la muerte de la emperatriz Tzu Hsi en 1908, muchos occidentales habían tenido contactos con China. Como consecuencia, en esta época llegaron a Gran Bretaña perros con verdadero tipo Pekinés (algunos de ellos con un tipo no tan genuino). La mayoría de los importadores eran oficiales del ejército.

Remontándonos al año 1860, cuando se encontró a esos cinco perros en el Palacio de Verano, existen informes de que se hallaron otros 14 «pequeños perros de aspecto extraño» al derribar una puerta cerrada. Dos de estos perros llegaron a Gran Bretaña en 1863. Lara y Zin (este último era un Pekinés totalmente blanco) fueron entregados como regalo de bodas para Lord y Lady Hay. Zin sufrió un accidente y fue sustituido por otro ejemplar llamado Foo. Es probable que los dos primeros hubieran sido criados en China.

Es muy fácil quedar atrapado en los fascinantes sucesos de esas primeras décadas de la historia de la raza en Occidente. En 1885 el almirante Sir William Dowell envió a Gran Bretaña una pareja desde China. Un perro fue entregado por un eunuco de palacio en pago por servicios médicos prestados. Este perro se encuentra entre los varios machos de cría influyentes en esos primeros tiempos y se pagaban de cinco a diez guineas por sus montas, una considerable suma en esa época.

La raza se estaba volviendo muy popular y crecía en número gracias a la ayuda de algunos criadores influyentes. Mrs. Clarice Ashton Cross fundó su importante criadero Alderbourne después de la Primera Guerra Mundial y hubo muchos criadores relevantes en los «felices veinte».

El Pekinés en los Estados Unidos y en el resto del mundo

El Pekinés no apareció en los EE.UU. hasta el final de la rebelión de los bóxers. La emperatriz viuda Tzu Hsi regaló ejemplares a varias damas estadounidenses importantes y entre ellas se encontraba la hija de Theodore Roosevelt, Alice, a la que regaló un macho negro.

Algún que otro ejemplar era sacado de contrabando de China, pero esto suponía un gran riesgo y los eunucos capturados llevando a cabo estos actos podían ser condenados a muerte mediante tortura. En 1901 un perro llamado Pekín fue el primer ejemplar de la raza exhibido en los EE.UU. De todas formas, los estadounidenses interesados en la cría de los Pekineses tendían a mirar hacia Gran Bretaña para realizar sus importaciones.

El American Kennel Club (AKC) comenzó con las inscripciones de ejemplares de esta raza en 1906, momento a partir del cual comenzó a ganar en popularidad. Los aficionados se unieron para potenciar la raza, lo que dio lugar al Pekingese Club of America, fundado en 1909. Un año antes el primer ejemplar de la raza en ganar un título de Campeón fue la hembra negra Chiaou-Ching-Ur, criada por la emperatriz viuda. Tristemente, no dejó descendencia.

El Pekinés es, en la actualidad, ampliamente conocido en la mayoría de países de todo el mundo y en las exposiciones internacionales de campeonato se inscriben muchos ejemplares en todas las categorías. Algunos buenos ejemplares obtienen importantes galardones tras haber competido duramente. Ciertamente, el Pekinés ha llegado a muy altas cotas en la actualidad, con lo que uno no puede dejar de pensar que la emperatriz viuda Tzu Hsi estaría, probablemente, muy orgullosa.

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Apariencia de la Pekinés

Apariencia general

Tiene aspecto leonino con expresión alerta e inteligente. Pequeño, bien equilibrado, confirmación robusta, con gran dignidad y calidad. Cualquier muestra de afección respiratoria bajo condiciones normales es inaceptable y debe ser severamente penalizada.

Temperamento/Comportamiento

Es intrépido y distante, no es tímido ni agresivo.

Cabeza

Grande, proporcionalmente más amplia que profunda.

Región craneal

  • Cráneo: Amplio y aplanado entre las orejas; no es abombado; también amplio entre los ojos.
  • Depresión naso-frontal (stop): Pronunciado.

Región Facial

Perfil plano con la nariz bien colocada entre los ojos. Es esencial la pigmentación negra en trufa, labios y en los bordes de los párpados.

  • Nariz: Corta y ancha, narinas grandes y abiertas. Una arruga, continua o quebrada, debe extenderse desde las mejillas al puente nasal en una ancha «v» invertida. Esto no debe afectar negativamente u obstruir los ojos ni la nariz. Narinas estrechas o arrugas excesivas sobre la nariz son inaceptables y deben ser severamente penalizadas.
  • Hocico: Ancho, con mandíbula inferior fuerte.
  • Boca: Labios nivelados, no deben mostrar los dientes ni la lengua. Es esencial que el maxilar inferior sea firme.
  • Ojos: Grandes, limpios, redondos, oscuros y brillantes. Libres de cualquier problema de ojos obvio.
  • Orejas: En forma de corazón, insertadas a nivel del cráneo y llevadas colgando cerca de la cabeza no debiendo sobrepasar la línea del hocico. Provistas de flecos muy abundantes y largos.

Cuello

Corto y grueso.

Cuerpo

Corto; más pesado en el frente que en el posterior, con cintura bien marcada.

  • Línea superior: Nivelada.
  • Pecho: Ancho y con costillas bien arqueadas; suspendido entre los miembros delanteros.

Cola

De inserción alta, de porte tieso, ligeramente curvada sobre la espalda y hacia cualquiera de los lados. Con fleco largo.

Extremidades

Miembros anteriores

Cortos, gruesos, con huesos pesados en los brazos; los huesos de los antebrazos ligeramente arqueados entre los metatarsos y los codos. Escápulas bien inclinadas hacia atrás y adheridas suavemente al cuerpo. Los codos pegados al cuerpo.

Miembros posteriores

Más ligeros que los anteriores, con angulación moderada y rodilla definida. Garrones firmes. Vistos de atrás las piernas están razonablemente juntas y paralelas. Absoluta firmeza es esencial.

Pies

Grandes y planos, no redondos. El perro debe tener buen aplomo sobre los pies, y no sobre los metacarpos. Los pies delanteros ligeramente vueltos hacia afuera. Los pies posteriores derechos mirando hacia adelante.

Movimiento

En el frente el paso es lento, digno y balanceado. El movimiento típico no debe ser confundido con un balanceo causado por hombros sueltos. Movimiento junto en el posterior. Es de suma importancia la corrección del frente, el posterior y el movimiento típico de la raza.

Pelaje

Pelo

Largo y recto, con una melena abundante que se extiende más allá de los hombros, formando una melena alrededor del cuello. El pelaje externo es áspero y la lanilla interna es densa y más suave. Presenta fleco abundante en orejas, parte posterior de las extremidades, en la cola y entre los dedos. La longitud y volumen del manto no debe ocultar las proporciones del cuerpo.

Color

Todos los colores y marcas son admitidos y todos se aprecian por igual, excepto el albino y el color hígado. Los colores partidos deben presentar marcas regularmente distribuidas.

Tamaño

El peso ideal no debe exceder de 5 kg en los machos y 5,4 kg en las hembras. Los perros deben parecer pequeños pero ser sorprendentemente pesados cuando se les carga; la osamenta pesada y la estructura corporal fuerte son esenciales en la raza.

Faltas

Cualquier desviación de los criterios antes mencionados se considera como falta y la gravedad de ésta se considera con respecto al grado de la desviación al estándar y de sus consecuencias sobre la salud y el bienestar del perro.

Cualquier perro monstrando claras señales de anormalidades físicas o de comportamiento debe ser descalificado.

Nota: Los machos deben tener dos testículos de apariencia normal completamente descendidos en el escroto.

Consejos de compra

Buscar un cachorro por Internet conlleva riesgos. Para tener clara la profesionalidad del criadero con quien contactéis, os recomendamos que...

  • Os aseguréis de que responde vuestras dudas, que se descubre conocedor de la raza (que asiste a exposiciones caninas), y que se ofrece a realizar un seguimiento del cachorro después de la venta. ¿Se implica, o se limita a fijar un precio?
  • Veáis si está recomendado por otros criadores, o si tiene referencias de clientes satisfechos.
  • Os aseguréis de que tiene afijo, que sus perros están inscritos en el LOE y tienen pedigree en regla. Tened en cuenta que tramitar el pedigree de un cachorro no es nada caro, desconfiad de frases tipo "si te lo doy con pedigree te va a salir mucho más caro". Más información sobre los precios de un cachorro
  • Os dé garantías en relación a problemas de salud, físicos, hereditarios... ¿Entrega el cachorro con cartilla veterinaria, chip, vacunas, desparasitaciones y revisiones veterinarias al día?
  • Le pidáis que os muestre sus instalaciones y os deje ver a los ejemplares ¿Están éstos libres de enfermedades?
  • Y por último, recordad que los cachorros necesitan un mínimo de dos meses junto a su madre antes de ser entregados. Desconfiad de quien quiera acelerar el proceso.
Además, siempre hay que tener muy en cuenta los cuidados que requiere vuestra futura mascota. Tomad nota:
En el caso de los Pekinés su mantenimiento estético es exigente comparado con otras razas, por lo que no hay que descuidarlo.
  • Cepillado diario o dos o tres veces por semana.
  • Se debe bañar cada seis u ocho semanas, y hay que cuidarle las uñas.
  • Corte por parte de un peluquero canino.
  • Hay que cuidar sus ojos, orejas y dientes.
  • Se debe acudir al veterinario con la frecuencia que se requiera, y tener siempre al día sus vacunas. 
Por otro lado, la raza Pekinés no requiere de mucho ejercicio. sin embargo no hay que descuidar sus paseos diarios y jugar con ellos. 
De igual forma no hay que olvidar las posibles patologías de la raza:
  • Paladar elongado
  • Narinas estenóticas
  • Luxación patelar
  • Distiquiasis
  • Triquiasis
  • Dermatitis
  • Heridas en los ojos
  • Problemas respiratorios
  • Lesiones de espalda