El gato Manx, símbolo distintivo originario de la Isla de Man, destaca por una característica física única: la ausencia total o parcial de cola debido a una mutación genética dominante que afecta la columna vertebral. Aunque este rasgo lo hace inconfundible, también puede conllevar problemas de salud que los criadores responsables en España gestionan cuidadosamente para promover gatos sanos.
A pesar de su menor popularidad hoy, el Manx es una raza antigua con profundas raíces históricas y folclóricas. Su origen exacto está envuelto en misterio y rodeado de leyendas, algunas muy imaginativas y otras poco plausibles.
Muchos mitos surgieron de creencias antiguas que afirmaban que las lesiones sufridas por un animal podían ser heredadas por su descendencia, algo científicamente falso pero que inspiró relatos sobre la ausencia de cola del Manx. Algunas historias cuentan que el primer Manx perdió la cola atrapada en la puerta del Arca de Noé o por un ataque de perro durante el viaje. Otras ideas incluyen a vikingos cortando colas para adornos, madres mordiendo las colas de sus crías para protegerlas, o la insólita afirmación de que el Manx es resultado de cruces entre hembras felinas y conejos.
Si bien entretenidos, estos mitos reflejan la tradición oral humana y deben ser tomados con escepticismo para entender la verdadera historia de la raza.
Debido a la rareza de gatos sin cola en Europa y su relativa frecuencia en Asia, algunas teorías sugerían que la mutación Manx llegó a la Isla de Man vía antiguas rutas comerciales o naufragios. Por ejemplo, se especulaba que supervivientes del naufragio de la Armada Invencible en 1588, que llevaba gatos de viajes al Lejano Oriente, podrían haber introducido la mutación. También se ha propuesto como origen regiones de Europa del Este y del Báltico.
Sin embargo, investigaciones genéticas recientes muestran que la mutación Manx es diferente al gen bobtail asiático, indicando que probablemente se originó localmente en la Isla de Man. Este entorno aislado permitió que el gen persistiera a pesar de que la presencia de dos copias es letal, favoreciendo la supervivencia y singularidad de la raza.
El primer registro escrito conocido data de 1810, cuando el artista inglés JMW Turner mencionó tener siete gatos Manx. Su existencia previa sugiere que eran una curiosidad regional y no una novedad. Curiosamente, el idioma manés estaba en declive como lengua principal a inicios del siglo XVIII y no tenía palabra para esta raza, lo que indica que pudieron aparecer alrededor de esa época.
El Manx ha sido exhibido activamente desde los primeros días del mundo felino organizado en el Reino Unido durante el siglo XIX. Fue reconocido oficialmente por importantes registros internacionales en el siglo XX, incluyendo la Cat Fanciers Association (CFA) en Estados Unidos en 1920. Variantes como el Manx apuntado, desarrollado inicialmente en Australia, también son reconocidas por algunas asociaciones como The International Cat Association (TICA).
El Cymric, forma de pelo largo del Manx, tiene su propia historia de origen. Se cree que gatos Bosque de Noruega, posiblemente traídos por vikingos, se cruzaron con Manx. El gen de pelo largo, recesivo, pudo haber sido introducido después mediante gatos de barcos o incluso persas, aunque esta última teoría es rechazad por muchos criadores. El Cymric se distinguió formalmente en los años 70 y es reconocido en algunas asociaciones, aunque otros lo consideran simplemente un Manx de pelo largo. En España es muy poco común, aunque tiene más presencia en Norteamérica.
Actualmente, el Manx es una raza poco común pero apreciada, especialmente en la Isla de Man, donde se celebra su legado. Las prácticas de cría responsable en España han mejorado la salud de los Manx, minimizando problemas como dolencias vertebrales y complicaciones en cachorros debidas a la mutación genética. Los futuros propietarios deben saber que los gatitos Manx pueden tardar más en mostrar problemas de salud, por lo que la paciencia y la atención veterinaria temprana son esenciales.
En cuanto a carácter, los Manx son conocidos por su naturaleza tranquila y cariñosa. Su lealtad, similar a la de perros, y su tendencia a seguir a sus dueños los convierten en compañeros encantadores, aportando singularidad por su aspecto y temperament.
Para quienes deseen adquirir un gato Manx en España, es fundamental buscar criadores de confianza que realicen pruebas genéticas para garantizar la salud del animal y asegurar una mascota feliz y longeva.
Considerando su rica historia y rasgos únicos, el gato Manx sigue siendo un encantador representante del patrimonio felino digno de respeto y cuidado responsable.
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