Los gatos, al igual que los perros y las personas, pueden, en ocasiones, contraer la enfermedad de Lyme, una infección bacteriana causada por Borrelia burgdorferi, transmitida a través de la picadura de garrapatas. Aunque esta enfermedad es poco frecuente en España y especialmente inusual en gatos, conocerla es fundamental para cuidar el bienestar de tu compañero felino.
La enfermedad de Lyme es una infección que transmiten ciertas especies de garrapatas, especialmente las que habitan en zonas de hierba alta o bosques. La bacteria entra en el torrente sanguíneo del gato mediante la picadura de una garrapata infectada, pudiendo ocasionar problemas graves de salud. Sin embargo, no toda picadura de garrapata provoca infección; los gatos son generalmente resistentes y suelen tener sistemas inmunitarios capaces de combatir la bacteria antes de que aparezcan síntomas.
La transmisión ocurre cuando una garrapata que previamente se ha alimentado de pequeños animales infectados, como ratones, se adhiere al gato y se alimenta de su sangre. Para que la bacteria se transmita, la garrapata debe permanecer adherida durante al menos 24 a 48 horas. Tras alimentarse, las garrapatas se sueltan solas, pero es importante retirarlas con cuidado para evitar que queden restos incrustados en la piel, lo que puede causar irritación o infecciones secundarias.
Las garrapatas frecuentemente se encuentran en la hierba alta, bosques y zonas húmedas, lugares que tu gato puede explorar si sale al exterior. Que una garrapata porte la bacteria no significa que necesariamente infecte al gato; depende también del tiempo que permanezca adherida y la respuesta inmune del felino. Es relevante aclarar que la enfermedad de Lyme no se contagia entre gatos, perros o personas; únicamente se adquiere por la picadura de garrapatas.
Los síntomas pueden tardar varias semanas o incluso meses en aparecer tras la picadura, lo que dificulta la detección temprana, aunque esta es crucial. Si has retirado una garrapata de tu gato, observa durante las semanas siguientes cualquier signo inusual. A veces las garrapatas se desprenden sin que el dueño lo note, por lo que la vigilancia es fundamental, especialmente en zonas propensas a garrapatas.
El diagnóstico y tratamiento precoz son vitales. La enfermedad de Lyme se trata generalmente con un ciclo de antibióticos, comúnmente doxiciclina, que ayuda a eliminar la infección bacteriana. Un tratamiento tardío puede provocar complicaciones graves como insuficiencia renal, problemas cardíacos y pulmonares, o daños neurológicos. Estas complicaciones también requieren atención veterinaria especializada.
La prevención es la mejor estrategia. Utilizar productos antiparasitarios eficaces para gatos, como tratamientos tópicos tipo Frontline Combo o Advocate, puede proteger a tu gato de la adherencia y picadura de garrapatas.
Ser un dueño responsable implica prevenir eficazmente las picaduras de garrapatas y estar atento a los síntomas de la enfermedad de Lyme. Consultar al veterinario ante cualquier signo de enfermedad garantiza el mejor bienestar y salud para tu gato.