Cuando se diagnostica y trata correctamente, la enfermedad de Addison permite que su amigo de cuatro patas lleve una vida activa y normal, como cualquier otro perro, aunque tenga esta enfermedad. Pero, ¿qué es exactamente esta enfermedad? También conocida como insuficiencia suprarrenal o hipoadrenocorticismo, la enfermedad de Addison presenta síntomas comunes a otras afecciones, lo que dificulta su diagnóstico para los veterinarios.
Los veterinarios suelen recurrir a un proceso de eliminación antes de diagnosticar la enfermedad de Addison. Una vez que su perro recibe el medicamento adecuado, puede disfrutar de una vida plena y normal, aunque requerirá medicación de por vida.
Su perro tiene una glándula suprarrenal sobre cada riñón, compuesta por dos partes: la corteza (capa externa) y la médula (capa interna). La corteza normalmente produce hormonas corticosteroides, principalmente cortisol y aldosterona, vitales para múltiples funciones corporales. La enfermedad de Addison afecta la corteza, disminuyendo la producción hormonal, mientras que la médula generalmente no se ve afectada.
Existen tres tipos: enfermedad de Addison primaria, secundaria y atípica:
Es crucial saber qué tipo tiene su perro, ya que el tratamiento puede variar según el caso.
Los síntomas suelen ser vagos y se superponen con muchos otros problemas de salud. Los signos iniciales incluyen apatía, parecer deprimido o "apagado". La pérdida de apetito en un perro que normalmente come bien es una señal de alerta que requiere evaluación veterinaria inmediata.
Además de los cambios en el comportamiento, los síntomas físicos comunes incluyen vómitos, diarrea, debilidad muscular, dolor en las patas traseras, temblores y escalofríos. Los síntomas pueden desaparecer y reaparecer intermitentemente, dificultando el diagnóstico. Con el tiempo, la función suprarrenal empeora, lo que puede llevar a una crisis addisoniana.
La crisis addisoniana es una emergencia médica en la que los niveles de potasio aumentan, causando arritmias cardíacas y presión arterial peligrosamente baja. La función renal se deteriora, lo que puede conducir a insuficiencia renal. La terapia intravenosa rápida es crítica y suele ser efectiva para la recuperación. Generalmente el diagnóstico se confirma durante el tratamiento de esta crisis.
Los veterinarios monitorean los niveles de electrolitos, especialmente sodio y potasio, y la proporción entre ambos. Aunque los cambios suelen indicar Addison, las formas secundarias y atípicas pueden no afectar los electrolitos. La prueba definitiva es la estimulación con ACTH, que mide el cortisol antes y después de una inyección de ACTH para evaluar la función suprarrenal.
Mencione cualquier glucocorticoide que esté tomando su perro (como prednisona) al veterinario antes de realizar la prueba, ya que puede afectar los resultados. La dexametasona no interfiere con la prueba.
El tratamiento suele incluir el reemplazo de mineralocorticoides (para mantener el equilibrio electrolítico), administrados por vía oral o inyectable. Los glucocorticoides como la hidrocortisona suplen las deficiencias de cortisol. La enfermedad de Addison secundaria o atípica generalmente requiere solo glucocorticoides, ya que los electrolitos permanecen normales.
Con medicación de por vida adecuada y un seguimiento estrecho, los perros con Addison pueden disfrutar vidas felices y activas. Los propietarios aprenden a reconocer los primeros signos de cambios, ayudando al veterinario a ajustar el tratamiento a tiempo. Su mascota puede continuar disfrutando de todas las actividades y el cariño que comparten.
La tenencia responsable incluye revisiones veterinarias regulares y cumplimiento de la medicación para manejar eficazmente esta condición.
Para quienes contemplen añadir un perro a su familia, siempre busque criadores responsables en España o considere la adopción para hacer elecciones éticas al adquirir una mascota.