La diabetes mellitus es una afección que afecta a los gatos de forma similar a los humanos, con aproximadamente 1 de cada 230 gatos que desarrollan esta enfermedad. Este trastorno, cada vez más común en gatos y humanos, suele estar relacionado con la obesidad y factores dietéticos. Si no se trata, la diabetes puede disminuir notablemente la calidad de vida de su gato y convertirse en un problema grave para su salud. Sin embargo, con un cuidado veterinario adecuado y la dedicación responsable de sus dueños, muchos gatos pueden llevar una vida bien controlada y feliz. Esta guía explica qué es la diabetes mellitus, los síntomas clave que debe vigilar, metodologías de diagnóstico, opciones de tratamiento y estrategias de prevención.
En un gato saludable, los carbohidratos de la alimentación se descomponen en glucosa, un azúcar vital que proporciona energía a las células del cuerpo. La hormona insulina, producida por el páncreas, permite que las células absorban la glucosa, manteniendo los niveles equilibrados de azúcar en sangre.
En los gatos con diabetes mellitus, el organismo produce insuficiente insulina o los tejidos no responden correctamente a esta hormona. Como consecuencia, la glucosa permanece en la sangre en niveles peligrosamente altos. Los riñones intentan eliminar este exceso de azúcar, provocando un aumento en la micción y la sed. Con el tiempo, pese al aumento del apetito, los gatos pueden perder peso, ya que sus células no pueden usar la glucosa eficientemente. Pueden surgir complicaciones como infecciones del tracto urinario o cetoacidosis diabética, una condición grave y potencialmente fatal.
Nota: La diabetes insípida, otra enfermedad que causa aumento de la sed y la micción, es diferente y mucho más rara que la diabetes mellitus.
La diabetes mellitus puede afectar a gatos de cualquier edad, pero es más común en gatos mayores de 10 años. Todas las razas pueden sufrirla, aunque en España ciertas razas, como los gatos Burmilla, presentan mayor prevalencia. Los machos, especialmente los castrados, son más frecuentemente afectados. Además, los gatos con sobrepeso y aquellos con dietas inadecuadas tienen un riesgo aumentado.
Otras razas con predisposición reconocida incluyen el Tonkinés y el Bosque de Noruega.
Casi todos los gatos diabéticos muestran las siguientes señales, que deben motivar una consulta veterinaria:
Otros síntomas posibles incluyen letargo, disminución del contacto con personas u otras mascotas, mal aseo que genera un pelaje desordenado, disminución de la movilidad y debilidad en las extremidades posteriores.
Si observa estas señales, debe acudir rápidamente al veterinario. Él podrá realizar una sencilla prueba de glucosa en orina con tira reactiva para detectar la presencia de azúcar. Para evitar contaminación de la muestra, utilice arena no absorbente o recoja la muestra antes de colocar la arena.
Un examen físico completo y análisis de sangre confirmarán el azúcar en sangre elevado y medirán fructosamina, que indica el nivel medio de glucosa en las semanas anteriores. Se suelen realizar varias pruebas para un diagnóstico certero, ya que el estrés puede elevar temporalmente la glucosa en gatos.
El tratamiento de la diabetes felina requiere compromiso y colaboración entre el propietario y el equipo veterinario. La base del tratamiento son las inyecciones de insulina, que usualmente se administran una o dos veces al día en casa. El veterinario o enfermero veterinario le guiarán y apoyarán para aprender a administrar las inyecciones de forma segura y confiada.
La monitorización regular, incluyendo curvas de glucosa en consultas veterinarias y observación en casa, ayuda a ajustar las dosis de insulina. A menudo se recomiendan cambios dietéticos con una dieta alta en proteínas y baja en carbohidratos para controlar el azúcar en sangre. Mantener un peso saludable es fundamental, ya sea para perder o ganar peso bajo supervisión profesional.
Aunque actualmente no existe cura para la diabetes en gatos, el tratamiento está orientado a controlar los síntomas y prevenir complicaciones. De forma notable, algunos gatos pueden alcanzar la remisión si el diagnóstico es precoz y el manejo es efectivo.
Aunque cualquier gato puede desarrollar diabetes, existen medidas prácticas para reducir el riesgo. Mantener un peso saludable es fundamental: la obesidad es un factor de riesgo principal no solo para la diabetes, sino para muchos otros problemas de salud. Las revisiones veterinarias regulares pueden detectar precozmente problemas de peso.
Alimentar con una dieta equilibrada, baja en carbohidratos y rica en proteínas, que imite la nutrición natural felina, favorece un metabolismo saludable. Evite las golosinas azucaradas y el exceso de alimentos secos. Aunque continúa el debate sobre alimentos húmedos versus secos, alimentar con comida húmeda no incrementa el riesgo de diabetes y ayuda con la hidratación.
La diabetes mellitus en gatos es una condición seria pero manejable con el cuidado adecuado y compromiso. Reconocer temprano los síntomas, obtener un diagnóstico veterinario rápido y aplicar un tratamiento consistente que incluya terapia con insulina y manejo dietético, ofrece a los gatos la oportunidad de mantener una buena calidad de vida. Las medidas preventivas centradas en mantener un peso y dieta saludable son vitales para reducir el riesgo. Trabajar de la mano con su equipo veterinario le ayudará a superar los desafíos y cuidar de su amigo felino querido durante esta condición.