Los arañazos y las pequeñas abrasiones cutáneas son habituales en los perros activos. Aunque la mayoría son superficiales y no requieren atención veterinaria urgente, una limpieza y cuidado correctos son fundamentales para evitar infecciones y facilitar la cicatrización.
Antes de tratarla en casa, asegúrate de que la herida es efectivamente leve. Son indicadores de herida menor la hemorragia escasa que se detiene en pocos minutos con presión suave, la superficialidad visible (solo afecta a la piel, no a tejidos profundos), la ausencia de objetos extraños incrustados y el tamaño reducido (menos de 2 cm). Si la hemorragia es abundante o no cede, la herida es profunda, o el perro muestra signos de dolor intenso, acude al veterinario sin demora.
Aplica presión suave con una gasa estéril o un paño limpio durante 3-5 minutos. No retires el material bruscamente para no deshacer el coágulo. Si el sangrado no cede en 10 minutos, es necesaria atención veterinaria.
Lava la zona con agua limpia o solución salina fisiológica (suero fisiológico). Si es necesario, recorta ligeramente el pelo alrededor con tijeras romas para evitar contaminación. Evita usar alcohol, agua oxigenada o yodo concentrado directamente sobre la herida: pueden dañar los tejidos y retrasar la cicatrización.
Una vez limpia, aplica un antiséptico veterinario (como la clorhexidina diluida al 0,05%) o un spray cicatrizante indicado para perros. Evita cremas humanas que contengan zinc u otros ingredientes potencialmente tóxicos para los perros.
Los perros tienden a lamer las heridas, lo que puede introducir bacterias y retrasar la cicatrización. Usa un collar isabelino (cónico) o una funda protectora para evitarlo mientras la herida está abierta.
Revisa la herida diariamente. Señales de infección que requieren visita veterinaria: enrojecimiento creciente, hinchazón, calor, secrecion purulenta o mal olor, o si el perro empieza a cojear o muestra fiebre.