El hámster es uno de los primeros animales de compañía que muchas familias tienen en casa. Son pequeños, relativamente económicos y no requieren salidas diarias. Pero para que vivan bien y duren lo que deben —entre 2 y 3 años dependiendo de la especie—, necesitan más cuidados de los que la gente suele imaginar.
En España los más comunes son el hámster sirio (Mesocricetus auratus), el más grande y el más manejable, y los hámsters enanos (Phodopus sungorus, Phodopus campbelli, Roborovski). Los hámsters sirios son solitarios estrictos: dos adultos en la misma jaula se pelearán hasta que uno muera. Los enanos pueden convivir en parejas o grupos del mismo sexo si se han criado juntos desde pequeños, pero también pueden volverse agresivos.
El error más frecuente es comprar una jaula demasiado pequeña. La medida mínima recomendada por las guías de bienestar animal europeas es de 100 x 50 cm de superficie para un hámster sirio. Las jaulas de barras típicas del comercio suelen quedarse muy cortas. Una alternativa mejor y más económica son los contenedores de almacenamiento de plástico con ventilación añadida en la tapa. Dentro debe haber:
La dieta base debe ser una mezcla de semillas y cereales específica para hámsters. Complementa con pequeñas cantidades de verduras frescas (zanahoria, pepino, espinaca) 2-3 veces por semana. La proteína animal ocasional —un trozo pequeño de pollo hervido o un grillo— es beneficiosa especialmente para hembras y jóvenes. Evita: cítricos, cebolla, ajo, aguacate, uvas y cualquier alimento azucarado o procesado. El agua debe estar siempre disponible, preferiblemente en biberón para evitar que se moje el sustrato.
Los hámsters son crepusculares y nocturnos. Están activos principalmente desde el anochecer hasta la madrugada. Intentar interactuar con ellos durante el día cuando están durmiendo genera estrés crónico y puede volverlos agresivos. Establece los momentos de juego e interacción a partir de las 19-20h.
Los hámsters no son naturalmente sociables con humanos: hay que ganarse su confianza progresivamente. Empieza dejando que huelan tu mano durante varios días antes de intentar cogerlos. Usa siempre movimientos lentos y nunca los cojas desde arriba (los depredadores naturales atacan desde arriba). Un hámster bien socializado puede ser bastante manejable; uno asustado puede morder con mucha fuerza.
Consulta al veterinario si observas: pérdida de peso, pelo opaco o caída de pelo, diarrea (wet tail o cola húmeda, especialmente grave en sirios jóvenes), letargo inusual fuera de su horario de sueño, dientes excesivamente largos o dificultad para comer, o cualquier masa o bulto visible.