Me llegan muchos casos de personas amantes de los perros, de “perros de verdad”, como los llaman. Se refieren a perros de razas grandes, fuertes, incluso de razas con aspecto fiero, como el Bóxer o el Rottweiler. Pero entonces vienen los problemas: malos comportamientos, tirones en los paseos, personalidad dominante… ¿Cómo se puede controlar a un perro tan grande, al final? Los que recurren a mí lo hacen desesperados. Algunos, por desgracia, no quieren tomarse esa molestia y abandonan a sus mascotas sin haberse parado a pensar que tal vez el problema no es el perro.
Tener un perro es una gran responsabilidad. No se trata sólo de educarlo, también hay que sacarlo a pasear, darle de comer, un lugar donde dormir… Pero las necesidades básicas de un Chihuahua no son las mismas que las de un Pastor Belga. Sí, tal vez el Pastor Belga te parezca más bello, te atraíga más, quieras tenerlo por encima de todo por su porte, su tamaño, su fortaleza… ¿Pero puedes permitirte darle la vida que merece? La pregunta que muchos propietarios no se hacen, y deberían, no es más que esa. ¿Puedes suplir sus necesidades?
Un perro grande necesita más espacio y más comida, sólo para empezar. Una raza de combate será más fiera (que no significa más agresiva) que una de pastoreo, y un pastor no tendrá las mismas necesidades que un cazador. Estudia la raza que te interesa y averigua si puedes convertirte en el propietario que ese perro merece.
Cada raza es distinta, tiene su forma de vivir, su comportamiento, su instinto. Si puedes comprarle la comida que necesita y si puedes darle el espacio que precisa, entonces pregúntate si realmente tienes ganas y tiempo para pasearlo tres veces al día, para tomarte un rato a diario para educarlo, enseñarle trucos, y si vas a tener el temple necesario para no volverte loco cuando no haga las cosas como esperas. Porque primero tienes que enseñarle, y mientras tanto has de tener paciencia.
Alimentación específica para perros de raza grande
Los perros grandes tienen unas necesidades nutricionales distintas a las de las razas pequeñas. Su metabolismo más lento hace que sean más propensos a la obesidad si no se controla la cantidad de comida. Además, razas de gran tamaño como el Gran Danés o el Mastin son especialmente susceptibles a la torsión gástrica, por lo que se recomienda dividir la racín diaria en dos o tres tomas y evitar el ejercicio intenso tras las comidas. Los piensos específicos para razas grandes incorporan cálculos de energía metabolizable adaptados a su peso y nivel de actividad, además de nutrientes que refuerzan las articulaciones, como el condroítín y el glucosamino. Consultar con el veterinario la cantidad exacta y la frecuencia de las comidas es fundamental desde el primer día.
Salud articular y ejercicio: puntos críticos en razas grandes
Las enfermedades articulares, especialmente la displasia de cadera y de codo, son una de las principales preocupaciones de salud en las razas grandes y gigantes. Para minimizar el riesgo, es importante no forzar el ejercicio durante la etapa de cachorro —cuando el cartilago todavía no está formado por completo— y proporcionar superficies antideslizantes en casa para proteger las articulaciones. En la edad adulta, la actividad física regular es imprescindible, pero debe adaptarse a la raza y al estado de salud. Las revisiones veterinarias anuales, que incluyan evaluación articular, permiten detectar problemas a tiempo antes de que se conviertan en condiciones crónicas dolorosas.
Educación y socialización temprana: por qué no puede esperar
Con un perro grande, las consecuencias de una mala educación son proporcionales a su tamaño. Un cachorro de 10 kg que tira de la correa es manejable; el mismo comportamiento en un adulto de 50 kg puede resultar peligroso. Por eso la educación y la socialización deben comenzar desde las primeras semanas en casa, cuando el perro aún es pequeño y moldeable. Exponerlo de forma positiva a personas, niños, otros animales y situaciones diversas durante los primeros meses reduce la reactividad y la ansiedad en la edad adulta. La constancia y el refuerzo positivo son más efectivos —y más seguros— que cualquier método basado en la dominancia o el castigo.