Muchos perros simplemente no pueden resistir el impulso de cavar para salir del jardín. Este comportamiento puede ser frustrante para los dueños, pero tiene causas bien definidas. Entenderlas es el primer paso para encontrar soluciones efectivas.
El impulso de cavar y escapar puede tener diferentes orígenes según el perro. Las razas criadas para el pastoreo, la caza o el trabajo (como el Husky, el Beagle o el Terrier) tienen un instinto de exploración y movimiento mucho más pronunciado que otras. Si no se les proporciona suficiente ejercicio y estimulación, canalizan esa energía hacia comportamientos como cavar. Los machos no esterilizados son especialmente propensos a intentar escapar cuando hay una hembra en celo en los alrededores. La esterilización reduce drásticamente este comportamiento. Los perros que están solos durante largos períodos pueden cavar por aburrimiento o ansiedad por separación. El cavar en zonas con olor a animales silvestres o alimento también puede ser un motivador.
Un jardín con tierra suelta, sin base firme bajo el cerramiento perimetral, o con puntos ciegos visualmente faáciles de usar, facilita la fuga. Los perros son muy observadores y encuentran los puntos débiles rápidamente.
La primera medida es aumentar el ejercicio diario del perro y su estimulación mental: más paseos, juegos de olfato, interacción activa. Refuerza la valla a nivel del suelo: coloca una franja de hormigón, ladrillo o una tela metálica enterrada a 30-40 cm de profundidad a lo largo del perímetro. Supervisa al perro en el jardín hasta corregir el problema. Si el problema persiste a pesar de las medidas ambientales, trabaja con un educador canino para abordar la causa conductual subyacente.