Es un tópico muy extendido, pero a menudo tiene mucho de verdad: los perros se parecen a sus dueños. Pero, ¿qué dice la ciencia sobre esta observación y qué nos revela nuestra elección de perro sobre nuestra personalidad?
Varios estudios han investigado si hay una correlación real entre el parecido físico entre dueños y sus perros. Un estudio publicado en la revista Anthrozoologie mostró que las personas con ciertos rasgos faciales tendían a preferir razas con una morfología similar. Otro ámbito de investigación es el del parecido de personalidad: hay evidencia de que los dueños y sus perros comparten rasgos de carácter, posiblemente porque nos sentimos atraídos por animales que se asemejan a nosotros.
Las personas que eligen perros activos y energéticos como el Border Collie, el perro de pastoreo Border Collie o el Jack Russell Terrier tienden a ser personas activas y extravertidas. Los dueños de razas tranquilas y afectuosas como el Cavalier King Charles Spaniel o el Golden Retriever suelen puntuar alto en rasgos como la amabilidad y la estabilidad emocional. Quienes eligen razas independientes como el Shiba Inu o el Basenji pueden tener una personalidad más autónoma y menos necesitada de aprobación social.
Más allá de los parecidos iniciales, dueños y perros influyen mutuamente a lo largo del tiempo. Los perros adaptan su comportamiento y humor al del dueño, y viceversa. Esta sincronización bidireccional refuerza el vínculo y puede explicar por qué con el tiempo el parecido entre ambos se intensifica.
Elegir un perro es, en parte, un acto de introspepcción. La raza que nos atrae dice algo sobre cómo nos vemos a nosotros mismos o sobre cómo queremos ser vistos. Eso no es malo; al contrario, puede ser el punto de partida para una elección más consciente que tenga en cuenta tanto nuestro estilo de vida como las necesidades reales del animal.