La boca del gato es un órgano complejo que cumple funciones de caza, defensa, aseo y alimentación. Su anatomía es distinta a la del perro y del humano, y las enfermedades que la afectan tienen características propias que todo dueño debería conocer.
Los gatos tienen 30 dientes permanentes: 12 incisivos, 4 caninos, 10 premolares y 4 molares. Sus caninos son especialmente largos en proporción al tamaño de su cuerpo, diseñados para sujetar y matar presas. La lengua es rugosa gracias a las papilas filiformes, que actúan como un peine para el aseo y como rallador al comer. El paladar duro presenta rugosidades transversales llamadas rugosidades palatinas que ayudan a retener y mover el alimento hacia la garganta.
La enfermedad periodontal —inflamación y destrucción del tejido que sujeta los dientes— es la afección oral más frecuente en gatos. Se estima que más del 70% de los gatos mayores de 3 años presentan algún grado de enfermedad periodontal. Comienza con la acumulación de placa bacteriana que se mineraliza formando sarro. Si no se elimina, provoca gingivitis (encías enrojecidas e inflamadas) y avanza hacia la periodontitis, con destrucción del hueso alveolar y pérdida de dientes. La halitosis persistente suele ser el primer signo que notan los dueños.
Las lesiones de resorción odontoclástica felina (FORL) son cavidades que se forman en el cuello del diente por destrucción del esmalte y la dentina. Son extremadamente dolorosas pero muchos gatos no muestran signos obvios —los gatos tienen una capacidad notable para ocultar el dolor. Señales sutiles: masticar de un solo lado, rechazar alimentos duros, salivación excesiva, rascarse la boca. El diagnóstico requiere radiografía dental bajo anestesia. El tratamiento es la extracción del diente afectado.
La estomatitis felina crónica es una inflamación severa de la mucosa oral que puede afectar a las encías, el paladar, la lengua y la parte posterior de la boca (glosostomatitis caudal). El origen es inmunológico: el sistema inmunitario del gato reacciona de forma exagerada a la placa bacteriana. Los gatos afectados tienen mucho dolor, babea, dejan de comer y pierden peso rápidamente. El tratamiento incluye limpiezas dentales frecuentes y, en muchos casos, la extracción de todos los dientes premolares y molares, con la que muchos gatos experimentan una mejoría radical.
La mejor prevención es el cepillado dental diario con pasta dentífrica específica para gatos (nunca humana, la flúor es tóxica para ellos). Si el gato no tolera el cepillo, existen alternativas: geles dentales de aplicación digital, sprays antisépticos orales y dietas secas específicas para higiene dental. Sin embargo, ninguno de estos sustitutos es tan efectivo como el cepillado. Acostumbra al gato al manejo oral desde cachorro.
Se recomienda una revisión dental veterinaria anual. A partir de los 5-6 años, muchos gatos necesitan limpiezas dentales bajo anestesia general de forma periódica para evitar que la enfermedad periodontal progrese.