Los dragones barbudos (Pogona vitticeps) y los lagartos de collar (Crotaphytus collaris) son reptiles cada vez más populares en España. Son animales resistentes cuando sus condiciones de vida son adecuadas, pero enferman con frecuencia por errores de manejo. Conocer sus enfermedades más comunes permite actuar antes de que sea tarde.
Es la enfermedad más frecuente y una de las más graves en dragones barbudos. Está causada por un desequilibrio de calcio y fósforo, generalmente combinado con déficit de vitamina D3 por falta de luz UVB adecuada. Los dragones barbudos necesitan lámparas UVB de alta intensidad (10.0 o 12%) durante 10-12 horas diarias, renovadas cada 6 meses aunque sigan emitiendo luz visible.
Síntomas de EMO: temblores musculares, debilidad en las extremidades, mandíbula blanda o deformada, fractura de huesos por traumatismos mínimos, incapacidad para caminar normalmente. Sin tratamiento es fatal. Con diagnóstico temprano, calcio inyectable y corrección del entorno, muchos animales se recuperan.
El atadenovirus o virus de la enfermedad de los estares (Stargazing Disease) es una infección viral específica de los dragones barbudos. Los síntomas neurológicos incluyen «stargazing» (el animal gira la cabeza hacia arriba de forma compulsiva o da vueltas sobre sí mismo), convulsiones, parálisis progresiva y pérdida de coordinación. También hay formas subclínicas donde el animal simplemente está letárgico y no crece. No tiene tratamiento causal. El cuidado de soporte puede prolongar la vida pero la enfermedad es progresiva. Se transmite entre lagartos, por lo que la cuarentena estricta de nuevos animales es imprescindible.
Las coccidiosis son parasitosis intestinales muy frecuentes en dragones barbudos, especialmente en animales jóvenes o bajo estrés. Se manifiestan con diarreas frecuentes (a veces malolientes o con mucosidad), pérdida de peso y letargo. El diagnóstico requiere análisis fecal. El tratamiento con toltrazuril o sulfadimetoxina prescrito por veterinario es eficaz si se inicia a tiempo.
La muda incompleta o problemática es frecuente en dragones barbudos mantenidos con humedad baja. Los restos de piel seca pueden acumularse en los dedos, causando constricción y necrosis (pérdida del dedo). Revisa los dedos después de cada muda. Si hay restos de piel, un baño templado suave y retirada cuidadosa con pinzas suele resolver el problema. Una caja de muda con sustrato húmedo (musgo, vermiculita húmeda) ayuda a prevenir la disecdisis.
Similares a las de otras especies de reptiles: respiración con boca abierta, mucosidad visible, sibilancias. Causas: temperaturas frías o fluctuantes, corrientes de aire, sistema inmunitario debilitado. Requieren tratamiento antibiótico prescrito por veterinario especialista.
Ocurre cuando el dragón ingiere sustrato suelto (arena suelta, grava, corteza) que se acumula en el intestino y forma un bloqueo. Síntomas: estreñimiento, abdomen hinchado, pérdida de apetito, letargo. Para prevenir la impactación, usa sustratos seguros: alfombra de reptiles, baldosas, papel o azulejos. La arena suelta no es recomendable para dragones barbudos, especialmente los jóvenes.