Mayormente, los perros aceptarán mejor que los gatos y otras mascotas que su dueño les disfrace. Pero aun así, hay que asumir que si a nuestra mascota no le gusta la idea, deberemos descartarla por completo. De lo contrario, podríamos provocarle un episodio de estrés con muchas posibilidades de desembocar en un gesto violento de su parte hacia nosotros o cualquiera que se le pusiera por delante.
Las ocasiones en que un animal de compañía requiera una capa más de ropa son escasas y se limitan prácticamente a perros de razas muy concretas, ya sean provenientes de latitudes con temperaturas muy distintas, o con poco (o nada) de pelo. Pero en todo caso, no es algo natural en ellos (como sí lo es en nosotros) por lo que si vamos a disfrazarlo, hay que asegurarse de no usar ropa para perro demasiado apretada pues eso, en especial si le aprieta el cuello, podría acabar asfixiándole. Del mismo modo, tenemos que buscar tejidos flexibles, que garanticen un movimiento natural de patas y cola para evitar más situaciones de estrés. Y finalmente, no le disfracemos con prendas gruesas si hace calor (los golpes de calor son terribles para los perros), ni con materiales especialmente incómodos: por ejemplo, aquellos que generen pelusas que puedan colarse por sus ojos, nariz o boca.
Si no quieres partirte demasiado los cuernos con el disfraz para tu mascota, ni quieres que se agobie demasiado, aquí tienes un par de consejos básicos: