La coprofagia —el comportamiento de comer heces— es repugnante para los humanos pero relativamente frecuente en perros. Entender por qué ocurre es el primer paso para abordarlo de forma efectiva.
Causas médicas (descartar primero): Antes de abordar el problema como conductual, hay que descartar causas físicas con una revisión veterinaria:
Causas conductuales y ambientales:
La coprofagia autotrófaga (comer sus propias heces) puede tener base nutricional. La allotrófaga (comer heces de otros animales) es más frecuentemente conductual, especialmente cuando el perro elige heces de gato (ricas en proteína) o de otros perros. La ingestión de heces de herbívoros (conejos, caballos) es casi siempre oportunista y no indica ninguna patología.
Paso 1: Descartar causas médicas. Análisis fecal, revisión general y, si procede, analítica de sangre para valorar la función pancreática y tiroidea.
Paso 2: Corregir la dieta si es necesario. Cambia a un pienso de mejor calidad y digestibilidad. Añade enzimas digestivas (papaína, extracto de piña o suplementos comerciales específicos) puede reducir el atractivo de las heces al mejorar la digestión.
Paso 3: Gestión ambiental. Recoge las heces inmediatamente. En casa, limpia el arenero del gato regularmente o usa modelos con tapa. En el exterior, supervisa y desvía la atención antes de que el perro llegue a las heces.
Paso 4: Aumentar ejercicio y estimulación mental. Más actividad física, juegos de olfato, Kong rellenado con comida, entrenamiento diario.
Paso 5: Modificación de conducta. Enseña una señal de «déjalo» sólida. Recompensa con un premio de alto valor cuando el perro se aleja de las heces al pedírselo.
Si la coprofagia es muy frecuente, si aparece de repente en un perro adulto que nunca la había tenido, o si va acompañada de pérdida de peso, diarrea crónica o apetito excesivo, acude al veterinario. En estos casos la causa subyacente es probablemente médica.