Los gatos son maestros en ocultar el dolor y la enfermedad. Este instinto de supervivencia, heredado de sus ancestros salvajes, significa que cuando un gato muestra signos evidentes de que algo va mal, el problema suele llevar tiempo. Saber identificar los cambios sutiles en el comportamiento y el aspecto físico puede marcar la diferencia.
Cambios en el comportamiento: las primeras señales
Los cambios de comportamiento son a menudo los primeros indicios de que algo no está bien, y los más fáciles de ignorar:
- Esconderse más de lo habitual: Un gato que de repente pasa horas en lugares apartados puede estar en dolor o malestar.
- Cambios en la sociabilidad: Un gato habitualmente sociable que se vuelve huraño, o uno que normalmente busca soledad y de repente se vuelve muy pegajoso.
- Irritabilidad o agresión sin causa aparente: El dolor provoca irritabilidad. Si tu gato gruñe o muerde cuando lo tocas en una zona concreta, puede estar indicando dolor ahí.
- Disminución del aseo: Un gato que deja de asearse o que tiene el pelo apelmazado puede estar dolorido o muy debilitado.
- Aseo excesivo en una zona: Lamerse compulsivamente una parte del cuerpo puede indicar dolor, irritación o parasitosis en esa zona.
Cambios en la alimentación y bebida
Controla el consumo de tu gato de forma regular:
- Pérdida de apetito durante más de 24-48 horas: Los gatos no deben pasar más de 24-48 horas sin comer. La anorexia prolongada puede causar lipidosis hepática, una enfermedad grave.
- Aumento del apetito con pérdida de peso: Puede indicar hipertiroidismo, diabetes o parasitosis.
- Aumento marcado de la sed: Señal frecuente de enfermedad renal crónica, diabetes mellitus o hipertiroidismo.
- Dificultad para comer o masticar: Posible enfermedad dental, estomatitis o tumor oral.
Cambios en el uso del arenero
El arenero es una fuente de información clínica:
- Visitas frecuentes al arenero con poca o ninguna orina producida: posible obstrucción urinaria. En machos es una emergencia veterinaria.
- Orinar fuera del arenero: puede ser cistitis, dolor o ansiedad.
- Diarrea persistente o estreñimiento.
- Heces con sangre o moco.
Signos físicos que requieren atención veterinaria
- Pérdida de peso visible en pocas semanas
- Abdomen visiblemente hinchado
- Mucosas pálidas (encías blancas o muy rosadas en vez del rosa normal)
- Mucosas amarillas (ictericia): señal de problema hepático grave
- Secreción ocular o nasal
- Respiración con la boca abierta o respiración visible desde fuera (los gatos casi nunca jadean)
- Masa o bulto nuevo en cualquier parte del cuerpo
- Cojera o dificultad para saltar o subir
La regla del veterinario: ante la duda, consulta
Los gatos son animales que compensan muy bien la enfermedad hasta que no pueden más. Si tienes la sensación de que algo no está bien pero no identificas un síntoma concreto, fíate de tu instinto y llama al veterinario. Una revisión preventiva anual es la mejor herramienta para detectar enfermedades en fase temprana, especialmente en gatos mayores de 7 años, donde se recomienda una revisión semestral con analítica.