Como sabe cualquiera que haya compartido habitación con alguien que ronca, el sonido puede ser perturbador. Pero ¿y si es tu perro el que ronca? Aunque puede parecer inofensivo o incluso adorable, el ronquido en perros puede ser a veces una señal de un problema de salud subyacente. Aquí te explicamos las causas más comunes, cuándo preocuparse y qué puedes hacer.
El ronquido se produce cuando el aire vibra al pasar por las vías respiratorias superiores parcialmente obstruidas. En los perros, las causas más habituales son la anatomía braquicéfala (razas con morro corto como el Buldogs, el Pug o el Shih Tzu), los tejidos blandos de la garganta (péndulo, úvula o tejido del paladar blando que vibra durante el sueño), el exceso de peso, que aumenta la presión sobre las vías respiratorias, las alergias o irritación nasal, y los cuerpos extraños en las fosas nasales en casos puntuales.
No todo ronquido requiere atención veterinaria. Pero sí conviene consultar si el ronquido aparece de repente en un perro que antes no roncaba, si va acompañado de dificultad para respirar también durante el día, si hay secreciones nasales, estorendos frecuentes o respiración por la boca, si el perro se cansa fácilmente o muestra intolerancia al ejercicio, o si hay pausas en la respiración durante el sueño (posible apnea del sueño).
Dependiendo de la causa, las opciones van desde cambios del estilo de vida (pérdida de peso, cambio de postura al dormir con cama elevada) hasta cirugla en razas braquicéfalas con obstrucción grave. Si las alergias son el desencadenante, el control del entorno puede ayudar: minimizar el polvo, los ácaros y los contaminantes del aire.
Los propietarios de razas como el Buldogs Francés, el Pug o el Boxer deben saber que el ronquido es más prevalente y puede ser parte del síndrome braquicéfalo, que incluye diversas alteraciones anatómicas. En estos casos, es importante que el veterinario evalúe periódicamente la función respiratoria y valore si es necesaria una intervención correctora.