Dar una pastilla a un perro puede convertirse en una batalla diaria si no se conocen las técnicas adecuadas. Con el método correcto, el proceso es rápido y sin estrés para ti ni para tu perro.
La forma más fácil de medicar a un perro es esconder la pastilla en un alimento que le guste. Las opciones más efectivas son:
El truco del «sándwich»: dale primero un trozo sin pastilla, luego el trozo con la pastilla y rápidamente otro sin pastilla. El perro traga el del medio sin pensar para llegar al tercero.
Si el medicamento no puede mezclarse con comida (algunos deben tomarse en ayunas o no pueden triturarse), hay que administrarlo directamente:
Comprueba que ha tragado la pastilla antes de soltar: algunos perros la mantienen en la boca y la escupen después.
Los dispensadores de pastillas (pill poppers) son utensilios en forma de jeringa con un extremo blando que sostiene la pastilla. Permiten colocarla directamente en la garganta sin meter los dedos en la boca, lo que es útil con perros que tienden a morder. Se encuentran en cualquier clínica veterinaria o tienda de animales por menos de 5€.
Consulta siempre con el veterinario antes de triturar o partir una pastilla. Algunas no pueden modificarse:
Triturar estos medicamentos puede reducir su eficacia o provocar efectos secundarios.
Algunos perros aprenden rápido a separar la comida del medicamento. En estos casos, habla con tu veterinario sobre presentaciones alternativas: muchos fármacos están disponibles en forma líquida (más fácil de mezclar con comida húmeda), en comprimidos masticables con sabor a carne, o en cremas transdérmicas que se aplican en la piel interior de la oreja. No hay razón para que medicinar a tu perro sea un suplicio diario.