Es lógico afirmar que, aunque queramos mucho a nuestro compañero de vida, este no puede vivir en familia sin unas normas que favorezcan la convivencia entre los humanos y entre otros animales en el mismo hogar. Por eso, desde el mismo instante en el que el animal llega a casa, hemos de empezar a establecer unas pautas para respetar estas normas, pero siempre prestando atención al bienestar animal. De hecho, el trabajo que supone conseguir que el perron haga sus necesidades en la calle forma parte del proceso de educación y también puede basarse en el adiestramiento en positivo. Premiando al perro cada vez que haga sus cosas fuera, e ignorando cuando las haga dentro de casa, conseguiremos mucho más que reaccionando con gritos o agresividad física.
Los etólogos y la mayoría de los adiestradores caninos coinciden en que esta es la mejor forma de educar a los perros, pues ofrece siempre el máximo respeto y comprensión por el animal y se consiguen unos resultados muy satisfactorios. Nada que ver con algunos métodos que se reproducen en la tele o en los medios y que, además de maltratar en algunas ocasiones al propio animal, no siempre consiguen los resultados esperados.
El adiestramiento en positivo es una técnica de refuerzo, en la que el dueño del perro le ofrece un premio, ya sea una chuche, una caricia o un juguete, cuando el animal se ha comportado de manera deseada. De este modo, el perro repite esas acciones para obtener su recompensa.
En el adiestramiento en positivo sí se puede castigar al perro. Es lo que se llama castigo en positivo y, a diferencia de los castigos tradicionales, consiste en retirarle su premio si no se comporta como debiera. Por ejemplo, si tendemos a premiarle con la pelota, un mal comportamiento implicaría no jugar con él. Es el único castigo permitido, pues ayuda a reformar los estímulos positivos vinculados con un buen comportamiento.
> Porque en todo momento se respeta al animal. El adiestramiento en positivo huye de comportamientos tales como los toques, los collares de pinchos, los golpes, los tirones de correa... Está demostrado que ninguno de estos métodos consigue educar, sino que, además de crear más estrés y ansiedad en el animal, es perjudicial, pues puede reforzar comportamientos negativos.
> Porque fortalece el vínculo entre el perro y su dueño. ¿Y qué significa esto? Que el animal acabará adelantándose y actuará como su dueño espera de él. Ello mejorará la relación que el dueño tenga con el perro y, a la larga, repercutirá en la estabilidad emocional del animal, que crecerá seguro y feliz.
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Para que el adiestramiento en positivo funcione, el momento en que se entrega el premio es determinante. El refuerzo debe producirse en los tres segundos siguientes al comportamiento deseado; pasado ese tiempo, el perro ya no asocia el premio con la acción correcta. El proceso básico para enseñar cualquier orden nueva es el siguiente: primero, captura o provoca el comportamiento de forma natural o con una pequeña ayuda (por ejemplo, colocar un premio sobre la nariz del perro para que se siente de forma espontánea); en el momento en que se produce el comportamiento, marca el instante con una palabra como «sí» o con un clicker; entrega el premio de inmediato; repite el ejercicio en sesiones cortas de 3 a 5 minutos. Con la práctica, el perro generaliza la orden y empieza a responder también en entornos con distracciones. Las recompensas más potentes son las de comida de alta motivación —como pequeños trozos de pollo o queso— aunque la voz, las caricias o el juego también funcionan según el carácter del perro.
Los métodos tradicionales basados en la corrección física —tirones de correa, collares de pinchos o descargas eléctricas— producen obediencia a corto plazo mediante el miedo o el dolor, pero generan efectos secundarios documentados: aumento del estrés, inhibición del aprendizaje, deterioro del vínculo con el dueño y, en algunos casos, agresividad reactiva. Las investigaciones en ciencia del comportamiento animal respaldan de forma consistente que el refuerzo positivo produce un aprendizaje más sólido y duradero, con menos recaídas en los comportamientos no deseados. Además, un perro entrenado en positivo toma decisiones activamente —elige comportarse bien porque le reporta algo bueno—, mientras que un perro entrenado por castigo aprende a inhibir conductas por miedo a las consecuencias, lo que no le enseña qué debe hacer en su lugar. La diferencia no es solo ética: es también de eficacia.
Las sesiones de adiestramiento en positivo deben ser cortas y frecuentes: dos o tres sesiones diarias de entre 3 y 10 minutos son más eficaces que una sesión larga. El cerebro canino consolida el aprendizaje durante el descanso, por lo que el tiempo entre sesiones es tan importante como el entrenamiento en sí. Los primeros resultados visibles suelen aparecer entre la primera y la segunda semana de trabajo consistente en un entorno sin distracciones. Generalizar las órdenes a distintos lugares y situaciones requiere más tiempo, habitualmente entre 4 y 8 semanas de práctica regular. La constancia de todos los miembros de la familia es imprescindible: si una persona refuerza el «siéntate» y otra ignora la misma orden, el perro aprende que la conducta es opcional. La paciencia y la regularidad son los dos pilares de cualquier programa de adiestramiento exitoso.