El término «loca de los gatos» ha evolucionado desde un estereotipo que señalaba con el dedo a las mujeres que aman en exceso a sus felinos hasta convertirse en una identidad que muchos adoptan con orgullo. Pero, ¿cómo saber si verdaderamente has cruzado la línea que separa a una aficionada de los gatos de una auténtica loca de los gatos? Aquí te presentamos seis señales infalibles.
No solo les compras ropa y disfraces para las fiestas, sino que cuentan con un espacio dedicado en casa para sus prendas, accesorios y juguetes. Gastas más en el guardarropa gatuno que en el tuyo propio y estás orgullosa de ello.
El 95% de tus fotos son de tus gatos. Tienes carpetas organizadas por nombre de gato, por expresiones faciales y por años. Has llegado a contratar a un fotógrafo profesional para la sesión anual de Navidad de tus gatos.
Tu horario de trabajo, ocio y relaciones sociales orbita alrededor de los ritmos de suepa, comida y juego de tus felinos. Rechazas planes para no alterar su rutina. Conoces de memoria sus horas de siesta y sus preferencias de temperatura en las distintas estaciones.
No son solo mascotas: son miembros de tu familia, con personalidades complejas, preferencias estéticas propias y lo que a ti te parece que son opiniones muy marcadas. Los presentas a tus amigos y cuando alguien no se muestra suficientemente entusiasmado, te cuesta disimular la decepción.
Tu algoritmo de redes sociales es un paraiso de gatitos. Sigues cuentas de gatos famosos, perteneces a grupos de criadores y rescatadores, y en cuanto abres el móvil, tu pantalla se llena de bigotes y patitas. Has donado dinero a protectoras de gatos sin pensarlo dos veces.
Esta es la señal definitiva. Los gatos no son una fase o un capricho: son una parte esencial de cómo eres y del hogar que has construido. Cada gato que ha pasado por tu vida te ha dejado una huella y pides las mismas condiciones de los nuevos gatos que de las nuevas parejas.
Si te has reconocido en cinco o seis de estas señales, bien seas una loca de los gatos de primera categoría. No hay nada malo en ello: el amor por los felinos es una de las formas más puras y honestas de amor que existen.