Los perros regulan su temperatura corporal principalmente jadeando y bebiendo agua. A diferencia de los humanos, no sudan por la piel, por lo que son más vulnerables al calor. Mantener a tu perro fresco en días de mucho calor es fundamental para su salud y bienestar. Aquí tienes cinco formas efectivas y sencillas de hacerlo.
Es la medida más importante. Asegúrate de que tu perro siempre tenga acceso a agua limpia y fresca. En verano, rellena los bebederos con más frecuencia o añade cubitos de hielo al agua. Si salis de paseo, lleva siempre una botella y un cuenco plegable.
Si el perro pasa tiempo en el exterior, debe tener acceso garantizado a zonas de sombra. Evita dejarlo en espacios cerrados sin ventilación (como el coche o una terraza sin sombra) incluso por unos minutos. En el interior, el ventilador o el aire acondicionado bien regulado pueden marcar la diferencia.
Evita salir en las horas de mayor calor (generalmente entre las 11h y las 17h en verano). Opta por los paseos de primera hora de la mañana o al caer la tarde. Caminar por superficies muy calientes (asfalto, arena) puede quemarse las almohadillas: compruébalo apoyando la palma de tu mano cinco segundos sobre el suelo.
Puedes usar alfombrillas refrescantes (disponibles en tiendas de mascotas), mojar al perro con agua fresca, o usar un spray de agua con ventilador en los paseos. Algunos perros disfrutan chapoteando en un pequeño kiddie pool en el jardín.
El golpe de calor es una emergencia. Señales de alerta: jadeo excesivo, salivación abundante, debilidad, confusión, encas rojas o moradas, vómitos. Si ves estos síntomas, moja al perro con agua fresca (no helada) y llvalo al veterinario de inmediato.