Inicio » Perros »

Razas de Perros

»

Razas de perros gigantes

»

Dogo Español

»

Historia del Dogo Español

Historia del Dogo Español


Introducción

Los perros de presa entraron en la península ibérica acompañando a las tribus de bárbaros allá por el siglo IV; suevos, vándalos y alanos custodiaban su ganado y campamentos trashumantes con este tipo de perros.

A lo largo de la historia estos animales se emplean en distintas funciones con un denominador común; su instinto de caza y presa como herramienta de trabajo al servicio de la caza mayor; manejo de ganado; guardia y custodia de propiedades; perro de guerra; etc.

Reyes, señores feudales, mercenarios, carniceros, ganaderos, e incluso la tauromaquia, hacen de estas estirpes un referente importantísimo en la historia de nuestro país, alcanzando su mayor apogeo durante el periodo denominado “romanticismo español”. Los referentes históricos son tantos como variopintos. En función de sus características morfológicas se emplearían para unos menesteres u otros;  los perros más ligeros y de tipología más corredora se utilizaban para la caza mayor, y los más corpulentos y cabezones se empleaban en labores que requerían más potencia o fuerza de parada que resistencia. Donde, como y cuando comienza a seleccionarse sistemáticamente hacia una u otra tendencia y bajo uno u otro nombre es algo difícilmente descifrable. Entonces se hablaba de “tipos” -el concepto de raza es mucho más moderno en materia canina-; y bajo ese concepto de “tipo” coexistían distintas morfologías con determinados rasgos comunes. Las denominaciones más genéricas de este “tipo” han venido siendo “alanos”; “presas”;“dogos”; “perros de toros”; “alanos carniceros”; “chatos”; etc. En ocasiones aludiendo a determinados rasgos diferenciales se les denominaba de una u otra forma, y otras veces de manera genérica metiendo bajo el mismo concepto a las distintas variedades. Una clasificación “taxonómica” actual  de estos perros atendiendo a los referentes históricos, sería un anacronismo de difícil solución zootécnica.  

Encontramos descripciones centenarias –como la del “Libro de la Montería”-  que bajo el mismo concepto de “Alano” mete al tipo ligero para las monterías haciendo mención a otra variedad más pesada para el agarre de ganado.

Pero también encontramos argumentos y referencias que respaldan diferencias morfológicas y funcionales entre estos “presas”; véase la descripción de “Dogo” por la Real Academia de la lengua Edición del Siglo XX;  La distinción por parte de la Real Sociedad Canina de España en 1911 entre “presa español” en su faceta de guarda y utilidad  y el “Alano” en el grupo de rastro y montería; la medalla con la inscripción “Dogo de Burgos” del año 1625 ;  las entregas documentadas de Dogos autóctonos a británicos e Italianos, etc.  

Por tanto, lejos de escudriñar sobre cuestiones etimológicas o lingüísticas no exentas de ambigüedades en ocasiones, nos centramos en lo constructivo del proceso, que no es otro que conciliar la historia con toda su variabilidad de tipos, con la realidad presente del concepto “raza”, que exige el ajuste a patrones más definidos.   

Bajo este propósito nace el proyecto para la recuperación del Dogo Español; que englobaría al tipo de alano o presa más pesado y corpulento de nuestra península.

¿Por qué unificar bajo la denominación de “Dogo”?  Se trataba de utilizar un nombre que reuniera una serie de requisitos:

1.    Contar con aval histórico en numero e importancia de referentes

2.    Nombre genérico e identificable con estas morfologías

3.    Evitar connotaciones polémicas relacionadas con peligrosidad

4.    Evitar localismos o alusión a funciones obsoletas o demasiado restrictivas

Resultado de todo ello la denominación de “Dogo” es la que mejor engloba el concepto de “moloso ibérico”.  

Contamos con la definición de “Dogo” por la Real Academia de la lengua; nuestros Dogos influyeron directa o indirectamente en el resto de razas emparentadas; existen manifiestos de la Corona de Aragón para el envío de Dogos Españoles a Nápoles; el Gobernador de Cuba refiere la entrega de “presas españoles” a la armada británica para el control de cimarrones; a Inglaterra se exportaron profusamente; en Alemania recrearon al extinto “bullesbeizer” a través del Boxer cruzando un bulldog con una perra de presa llamada “Flora” de clara ascendencia hispana; basta mirar los primeros Boxers de finales del XIX para ver el parecido de la raza germana de aquel periodo con nuestros rústicos chatos autóctonos. 

El número de referencias es incontable.   

Orígenes del proceso de recuperación del Dogo EspañolDogo Español

En la década de los 80, con el inicio de la recuperación del Alano ya se contempla la existencia de distintas tipologías y tendencias. Entonces se utilizaban los términos “tipo, línea o tendencia ganadera” Vs “tipo cazador” como etiqueta  diferencial.

La fusión de “alanos o presas” con perros “villanos” del terreno, -perros ligeros de pastoreo y corte lupoide – daba un híbrido polivalente que conservaba el atavismo de los perros de agarre, pero con la chispa y resistencia de los pastores. De ahí nace el “Villano de las Encartaciones”, un derivado del alano en su versión más ligera.   

El Alano Español se estandariza orientando su selección hacía un tipo intermedio. El proceso concluye con el reconocimiento oficial de la raza en el año 2003 por parte de la Real Sociedad Canina de España.

Resumiendo las tendencias básicas sobre una escala bipolar nos encontramos con el siguiente panorama:

1º/ Por un lado morfología ligera de estructuras más corredoras y descargadas;

2º/ En el polo opuesto las tipologías más corpulentas y braquicéfalas;  

3º/ Y entre ambos extremos, un mayoritario y consolidado tipo intermedio.

Los tipos “corredor” e “intermedio” estarían representados por “Villanos” y “Alanos” respectivamente;  quedando sin cubrir el nicho más moloso de la escala.

Era de justicia desvincular por primera vez desde principios de siglo pasado a nuestros “presas más corpulentos” de su matriz alánica, y hacerlo no bajo la restricción que imprime una “tendencia”,  sino conciliando la idiosincrasia de este tipo con el concepto de raza actual. Toda tendencia que toma cuerpo y protagonismo es susceptible de emanciparse bajo estatus de raza; solo es cuestión de que se den las circunstancias adecuadas: contar con material genético; con referentes históricos; y sobre todo con un colectivo coordinado dispuesto a redireccionar la selección facilitan esta labor.

Con la recuperación del Alano era previsible el tributo que pagarían los tipos extremos; marginados a una presencia meramente testimonial en relación directamente proporcional a la fijación del alano intermedio. Bajo este panorama nuestros últimos reductos de “Dogos” se verían  abocados a  su extinción como raza potencial o en el mejor de los casos relegados a tendencia dentro de la moderación impuesta por el estándar del Alano.  

Afortunadamente seguían naciendo individuos en este tipo en las camadas de alanos. Algunos criadores hemos seguido utilizándolos como reproductores ocasionalmente,  y aunque solo fuera buscando complementariedad, esos genes han seguido ahí. Otros criadores –mención especial a Francisco Rincón- han tenido la valentía no solo de seguir utilizando Alanos en esta tendencia, sino de hacerlo buscando fijar dicho tipo en lugar de complementarlo. Gracias a esto el proyecto de recuperación del “Dogo Español” partiendo de la base genética del “Alano” es una realidad.  

Funcionalidad y salud

Los testimonios históricos dejan claro que estamos ante una raza netamente funcional. Ya hemos referido algunas de las labores que desempañaban estos perros; en la tauromaquia para la suerte de “perros al toro”; para manejo del ganado y la caza mayor; como perro de fuerza para la presa o agarre de reses; también como perro de guarda o  defensa acompañando a los ejércitos. Tuvieron gran protagonismo en América durante el periodo colonial para el control de cimarrones y en el nacimiento de buena parte de las razas funcionales de aquel continente: Cimarrón Uruguayo; Fila Brasileiro; perro de pelea cordobés y posterior dogo argentino; antiguos bulldogs americanos; presas del Caribe; etc.

Si bien es cierto que la sociedad evoluciona y los tiempos cambian, no es menos cierto que el potencial de esta agrupación puede aportar mucho como perro de trabajo. Queremos que el Dogo español siga siendo un perro de trabajo en la medida de sus posibilidades; obviamente no para competir con pastores en agility o mondioring ni con villanos en una medio maratón; las limitaciones estarán marcadas por sus propias características morfológicas. Pero pueden esbozarse unas pruebas mínimas encaminadas a evaluar parámetros relacionados con la potencia; con la seguridad y arrojo; cubrir unos requerimientos mínimos en cuanto al potencial físico; todo es cuestión de ponernos de acuerdo atendiendo a la realidad del proyecto. Evidentemente si exigimos parámetros que primen agilidad y resistencia, caeríamos en el error de converger hacia tipologías más livianas, de ahí lo complicado que resulta a veces trazar directrices en este sentido. No se trata de compararnos a otras razas, sino de exprimir el máximo potencial de la nuestra. Si algo tenemos claro quiénes decidimos dar forma a este proyecto, es que no queremos que nuestro Dogo no se convierta en un mero “escaparate” bonito solo para recrear las reminiscencias de los antiguos perros de toro. Estos perros deben seguir siendo capaces de cumplir determinados requerimientos y hacerlo con la solvencia adecuada a su morfología.

Siempre he defendido la iniciativa individual de cada propietario, de cada criador; la selección y por tanto evolución y/o estandarización de una raza, no necesariamente implica un esfuerzo colectivo de todos y cada uno de los propietarios y criadores; basta con incentivar para que quienes deseen implicarse un grado más lo hagan y faciliten la mejora del resto. No es tanto una cuestión de obligación y exigencia, sino de motivar a quienes quieran emplear sus energías en la mejora de la raza a través de su faceta funcional. Con un pequeño grupo de aficionados “motivados” en este sentido y  trabajando buenos perros en beneficio de la colectividad, debe haber resultados tangibles a medio largo plazo que permitan ir diferenciándonos de otras agrupaciones de similar corte pero que sí han ido convirtiéndose en meros escaparates exagerados de lo que fueron. Para minimizar el peligro de este “deterioro” –entendiendo como tal la merma de sus prestaciones ancestrales en pro de espectacularidad sin más-, el Club de raza puede jugar un papel importante en este sentido.

Se puede negociar a nivel de club con clínicas veterinarias que permitan descuentos importantes a socios en la gestión de parámetros de control de salud (placas de displasia de caderas y codos; hemivertebras; pruebas coronarias; etc.); incluso subvencionar como club parte de estos costes; establecer ranking de ejemplares recomendados por el club para la cría; diseñar pruebas de trabajo; etc. Todo es cuestión de ir trazando objetivos y estudiar viabilidad de cada uno de ellos.        

Texto e imágenes facilitadas por el Club Nacional Dogo Español - Javier Parra Gordillo  





Registrate para saberlo todo sobre el Dogo Español x

Recibe consejos sobre los mejores cuidados, consulta tus dudas en el foro, conoce adiestradores especializados, comparte las fotos de tu mascota, etc.

La necesitarás para acceder a tu perfil de MundoAnimalia
Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para asegurarte una mejor experiencia. Al usar nuestro servicio, aceptas el uso de las mismas. Pulsa para ver más información sobre las cookies.

Close¿Tienes mascotas?

¡Comparte sus fotos!

Regístrate ya