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Épagneul Breton

Historia del Épagneul Breton


Épagneul BretonEn la actualidad existen bastantes más razas caninas en todo el mundo de las que la mayoría de la gente tendrá la oportunidad de ver a lo largo de toda su vida. A pesar de que todas ellas son impresionantemente diferentes y diversificadas, todas tienen su origen en un antepasado común: el lobo (Canis lupus). Todo lo que los perros son y todo lo que hacen fue transmitido a lo largo de miles y miles de generaciones hasta llegar a lo que consideramos, universalmente, como «el mejor amigo del hombre».

Los descubrimientos arqueológicos nos hacen pensar que la relación entre el hombre y el perro o, como era al principio, entre el hombre y el lobo, se basó en la lucha del hombre por sobrevivir en los tiempos más inclementes. La habilidad del lobo como cazador era algo que el hombre primitivo no podía dejar de ver, y parece haber pruebas de que los humanos también practicaron algunas de estas técnicas. Además, el lobo tenía hábitos sociales similares a los del hombre y esto ayudó, sin duda, a forjar ese primer paso hacia la compatibilidad.

En la obra The Natural History of Dogs, los autores Richard y Alice Feinnes clasifican a la mayoría de los perros como descendientes de uno de los cuatro grupos principales: el grupo del Dingo, el grupo de los lebreles, el grupo nórdico y el grupo de los mastines. Los cuatro tienen sus orígenes en ramas diferentes y separadas de la familia del lobo.

El grupo del Dingo remonta sus orígenes al lobo asiático (Canis lupus pallipes). Dos buenos ejemplos de este grupo son el Basenji y, a través de la mezcla con varias razas europeas, el Rhodesian Ridgeback.

El grupo de los lebreles desciende de un familiar de lobo asiático que perseguía a sus presas a la carrera hasta darles caza. Este grupo incluye a todos aquellos perros que cazan mediante su vista y que son capaces de alcanzar grandes velocidades. El Greyhound, el Galgo Afgano y el Saluki son ejemplos de este grupo. No son verdaderos sabuesos, ya que no cazan mediante su olfato.

El grupo ártico o nórdico es descendiente directo del robusto lobo norteño (Canis lupus). Entre las razas pertenecientes a este grupo tenemos al Alaskan Malamute, al Chow Chow y al Pastor Alemán.

El grupo de los molosos, debe su principal herencia al lobo tibetano (Canis lupus chanco o laniger). Este grupo comprende la mayor diversidad de razas, y su extremada diversidad indica que los descendientes no son totalmente puros. Las razas que se incluyen en ella han recibido, sin duda, la influencia de los descendientes de los otros tres grupos. Esta influencia está probada, ya que algunas razas del grupo de los mastines tienen unas características adquiridas que las otras no comparten en absoluto.

Es importante reseñar aquí que se sabe que el grupo de los molosos incluye a muchas de las razas de perros de rastreo (que encuentran a las presas mediante el olfato en lugar de mediante la vista). Estas razas incluyen a aquellas que conocemos actualmente como perros de caza, además de a los de tipo sabueso.

A medida que el hombre evolucionó y su estilo de vida resultó más complejo, se encontró con que podía obtener perros que satisficieran sus necesidades específicas a partir de los descendientes del lobo. Frecuentemente, estas necesidades se basaban en la forma en que el hombre iba en pos de la caza y del tipo de terreno en que se veía forzado a hacerlo.

En esos tiempos, el hombre había tomado el control sobre los perros que se apareaban. Ciertas características eran apreciadas y las prácticas endogámicas eran utilizadas para perpetuar estas características.
Épagneul Breton
Es un hecho conocido que los perros y los caballos viajaron por todo el mundo, al lado de sus amos, durante las primeras cruzadas. Incluso aunque los animales que partieron de sus lugares de origen pertenecieran a una línea pura, no se puede poner en duda que la descendencia que produjeron en el transcurso de estos viajes fue el resultado de la infusión de sangre extranjera. Las líneas inglesas, españolas, francesas y árabes corrían por las venas de los animales que acompañaron a los cruzados de vuelta a su patria.

Un tipo de perro de caza muy utilizado en esos tiempos conservaba las características del lobo de acosar a sus presas hasta que las acorralaban o capturaban y las mataban. Esta práctica es, más o menos, la típica de los perros que conocemos actualmente como sabuesos. Aunque su tenacidad para seguir a la presa era tenida en muy alta consideración, la voluntad del sabueso por perseguirla podía continuar durante kilómetros si era necesario, y algunos hombres se encontraban con que seguirles era muy cansado o imposible.

Así pues, surgió la necesidad de que el perro de caza no persistiera tanto en su persecución o su ataque. Su trabajo no era el de llevar a cabo la caza o el sacrificio, sino más bien el de ayudar al cazador encontrando, levantando o cobrando las piezas. Estos perros trabajaban silenciosamente para no ahuyentar a las aves, y al igual que un buen ayudante, obedecían las órdenes de sus amos sin dudarlo.

Antes de la invención de las armas de fuego en la Edad Media, los cazadores utilizaban redes y halcones amaestrados para capturar las presas. Ayudándoles estaban unos perros pequeños que algunos creen que tuvieron su origen en España. El término latino para referirse a España es «Hispania», y es de Hispania de donde derivó, más adelante, la palabra inglesa «Spaniell» (que más tarde se transformaría en «spaniel»).

Una vez eran localizadas las piezas de caza, algunos de estos spaniel se echaban, quedándose quietos hasta que llegaba el cazador para lanzar su red sobre las aves. Estos «Setting Spaniells» (spaniels de muestra) fueron utilizados para el desarrollo de las razas que acabaron convirtiéndose en los Setter Irlandés, Inglés y Gordon actuales.

Otro grupo de estos spaniel fue adiestrado para que localizaran a las aves y las levantaran de sus escondites entre los arbustos, para que así pudieran ser perseguidas y capturadas por los halcones. Estos perros fueron llamados «Springing Spaniells» (spaniel levantadores), debido a su talento para levantar a las aves desde sus escondrijos. Como, muy frecuentemente, tenían que dar con el rastro de sus presas a través de arbustos densos y matorrales enmarañados, era necesario que estos perros tuvieran un cuerpo compacto y pequeño y unas patas fuertes que les ayudaran a moverse por estos difíciles terrenos que frecuentemente hacían que otros perros se detuvieran en seco.

Esos perros tenían una capa larga y sedosa que les protegía tanto de los cardos como las zarzas que componían estos matorrales. Se les cortaba la cola para evitar que les quedara enganchada en los arbustos. Tenían una frente alta y redondeada, que se cree protegía sus ojos de las ramas. Sus orejas largas y lobuladas reunían y canalizaban las partículas del olor hacia sus trufas grandes y extremadamente sensibles.

Los franceses desarrollaron el Epagneul Bretón

A mediados del siglo XIX, los granjeros de la región francesa de la Bretaña empezaron a cruzar a algunos de sus spaniel con setter que habían sido traídos de Inglaterra por cazadores acaudalados. No podían darse cuenta de que la raza que estaba por surgir a partir de estos cruces acabaría causando impacto en los cazadores de todo el mundo.

Épagneul BretonEs importante darse cuenta, no obstante, de que los setter ingleses de esa época no eran, con toda probabilidad, como los ejemplares que conocemos actualmente. Sin embargo, fue a partir de estos cruces realizados en la Bretaña de donde adoptó su nombre el Epagneul Bretón.

Justo después del inicio del siglo XX, el comandante P. Gran-Chavin, un oficial y veterinario de la caballería destinado a la región francesa de la Bretaña, escribió sobre los muchos spaniel pequeños que vio. Los perros, decía, tenían una cola corta (o no tenían cola en absoluto) y unas orejas bastante cortas para una raza de tipo spaniel. Describe que eran de color blanco-naranja, blanco-marrón (hígado) y blanco- negro, habiendo también algunos tricolores. También hizo especial mención de su característico movimiento de «marcha corta».

Es, sin embargo, alrededor de 1910, cuando el condo Le Conteux de Canteleu redactó su lista de las razas francesas, cuando encontramos la primera mención del «Chien de Bretagne»: el perro de Bretaña. A pesar de su herencia spaniel la raza fue conocida, al principio, simplemente como «Perro de Bretaña», y no fue hasta más tarde cuando se cambió ese nombre y la raza fue conocida oficialmente como «Epagneul Bretón», conocido en los países de habla inglesa como Brittany Spaniel. En una época más actual se ha omitido la palabra Spaniel, ya que algunos consideran que esta versátil raza de caza es más un Pointer (perro de muestra) que un spaniel.

Mucho se especula sobre qué spaniel y qué setter es la base del Perro de Bretaña. Los intentos por determinar qué razas concretas pueden ser consideradas como las responsables de su aparición no tienen, en el mejor de los casos, importancia. En Inglaterra, la principal fuente de animales de tipo spaniel, los hermanos de una misma camada eran, frecuentemente, considerados como de razas diferentes según el tamaño que alcanzaran o el aspecto que tuvieran al llegar a la edad adulta. Para complicarlo todo todavía más, se sabe que los franceses aparearon a sus setter con algunos de los spaniel importados para mejorar las capacidades olfativas y la lealtad.

También fueron populares entre los campesinos franceses las razas de muestra conocidas como Bracos. Resultaría difícil negar completamente la existencia de éstos entre las razas que contribuyeron a la genealogía del Epagneul Bretón.

Existe una clara indicación de que había, por lo menos, una cierta tendencia hacia una cola corta o a la ausencia de cola en los cruces iniciales que dieron lugar al Epagneul Bretón y que el color era, frecuentemente, blanco-naranja y blanco-marrón (hígado). Se prefería la cola corta, ya que era menos probable que sufriera heridas y se desgarrara por culpa de los densos matorrales de la región. La piel más elástica del spaniel también era preferida, ya que reducía la posibilidad de que los densos arbustos de la región le provocaran heridas.

El spaniel que suele recibir con mayor frecuencia el crédito por ser la piedra angular en el desarrollo del Epagneul Bretón es el Welsh Springer Spaniel. Hay pocas dudas de que corra sangre de spaniel por las venas del Epagneul Bretón actual, pero afirmar que su origen es enteramente de tipo spaniel sería imprudente. Eso implicaría no tener en cuenta el perfil gallardo y el carácter nada parecido al del spaniel del Epagneul Bretón actual.

Aunque puede que siga la controversia sobre las razas concretas que fueron utilizadas como base de esta raza, no hay duda de que el fin justificó los medios. Los franceses produjeron un perro que deja encantados a todos aquellos que comparten su amor al campo con sus Epagneul Bretón y una que proporciona una grata compañía para aquellos que la aprecien simplemente por su gran inteligencia y su temperamento entusiasta.

Estandarizando la raza

Los primeros perros expuestos en Francia que, de hecho, encajaban con la descripción del Epagneul Bretón comenzaron a aparecer en la última década del siglo XIX. Al principio fueron expuestos en una clase miscelánea abierta a todos los spaniel franceses. Al mismo tiempo, participaban en pruebas de campo.
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El interés creció en ambos niveles, y el auge del ferrocarril a principios del siglo XX dio a los franceses la oportunidad de cazar en zonas que antes eran bastante inaccesibles. El interés por el spaniel de la Bretaña creció rápidamente a medida que los cazadores empezaron a reconocer tanto la notoria capacidad olfativa como la gran adaptabilidad de esta raza.

En 1907, Arthur Enaud, M. de Fougères y el Dr. Gastel organizaron una reunión en Loudeac (Francia) para redactar un estándar para esta raza que habían escogido y para formar una sociedad para la mejora de la raza. Estos esfuerzos fueron completos y se fundó la primera sociedad canina del Epagneul Bretón.

Aunque la Primera Guerra Mundial afectó enormemente a los esfuerzos de muchos aficionados al Epagneul Bretón, la raza se había vuelto demasiado popular y admirada como para caer en el olvido. A lo largo de los años de la contienda, los programas de cría, aunque muy restringidos, prosiguieron y la raza resultó mejorada respecto a lo que había sido antes de la guerra.

La noticia se propaga

El Epagneul Bretón fue adoptado y utilizado en la Europa continental al poco tiempo del desarrollo de esta raza. En EE.UU. la aceptación fue temprana, y el Epagneul Bretón tuvo un gran éxito, afortunadamente entre aquellos dedicados a mantener la gran habilidad de esta raza en el campo.

Aunque el origen del Epagneul Bretón, por lo menos en parte, se remonta a raíces británicas, la aceptación fue mucho más lenta en el Reino Unido. Aunque era tenido en muy alta estima por aquellos que utilizaban al Epagneul Bretón en el campo, el primer campeón de prueba de campo no fue registrado hasta que Riscoris Fleur De Lys (propiedad de Angie Lewises) obtuvo este título en 1987.

El Kennel Club de Inglaterra no otorgó a los Epagneul Bretón el estatus para poder obtener Certificados de Desafío (puntos del campeonato) hasta 1997, momento tras el cual aparecieron varios campeones de belleza. En 1999, Ch. Tchao de L’Hospitaier at Brittyfull (propiedad de Michael y Pauline Beaven), se convirtió en el primer campeón completo de la raza del que se tiene constancia (en el campo y en el ring de las exposiciones de belleza).

Tchao fue criado en Bélgica por Georgine Dieck Weber y fue adquirido por los Beaven cuando era un cachorro. Disfrutó de una carrera sobresaliente y obtuvo su título de campeón de belleza en la exposición de Windsor de 1998.

No obstante, es la enorme e inmediata popularidad de esta raza en EE.UU. y los cambios que acompañaron a esta popularidad lo que nos induce a hacer una breve narración de esos eventos.

Los primeros Epagneul Bretón que aparecieron en Norteamérica fueron los importados por Juan Pagibet, de Villa Obregón, cerca de Veracruz (México), en 1928. El siguiente en importar ejemplares de esta raza fue Louis A. Thebaud, que introdujo esta raza en EE.UU. en 1933. Tras la solicitud por parte de Mr. Thebaud, la sociedad canina nacional francesa le envió el estándar del Epagneul Bretón en julio de 1934. El American Kennel Club reconoció a esta raza en agosto de ese mismo año, pero no aprobó el estándar hasta marzo de 1935, cuando se hubo completado una traducción aceptable.

EE.UU. fue el primer país del mundo que no se refirió a esta raza como Epagneul Bretón (recordemos que en los países de habla inglesa esta raza se llama Brittany Spaniel), sino como Brittany. Este cambio lo introdujo el American Brittany Club (ABC), un grupo escindido del Brittany Spaniel Club of North America (BSCNA) original, que se había fundado en 1936. La Segunda Guerra Mundial dio al traste con la sociedad canina original, y la rápida y creciente popularidad del Epagneul Bretón estimuló el interés para crear una nueva sociedad canina: el ABC.

El American Kennel Club (AKC) cuestionó el hecho de que en el nombre de esta sociedad canina apareciera sólo el nombre «Brittany». Esta Épagneul Bretonsociedad, no obstante, refutó la objeción del AKC diciendo que los spaniel levantaban la caza y que el Epagneul Bretón era un perro de muestra y que no era un verdadero spaniel. Finalmente, el BSCNA y el ABC se unieron, asumiendo el nombre del segundo, y se adoptó oficialmente el nombre de «Brittany».

El Kennel Club de Inglaterra también ha aceptado este nombre para este spaniel francés.

Un máximo de calidad

Gaston Pouchain, antiguo presidente de la sociedad canina nacional francesa y del club del Epagneul Bretón de Francia, captó la esencia de la raza de forma muy admirable cuando la describió como «un máximo de calidad en una talla mínima».

Lo que confirma la precisión de la buena descripción de Pouchain es el fenomenal crecimiento de la popularidad de esta raza en todo el mundo en menos de 100 años. Cuando uno se detiene a considerar que el Epagneul Bretón no estaba siendo criado siendo fiel a su tipo hasta, aproximadamente, 1910, la estandarización y la aceptación internacional resultan sorprendentes.

No se puede dudar que la dedicación a una finalidad doble ha ayudado, ciertamente, a mantener el verdadero carácter de la raza. Los criadores responsables se esfuerzan continuamente por mejorar la conformación de los perros que crían. No obstante, no se llevan a cabo intentos por criar y exhibir al Epagneul Bretón sólo con fines estéticos. Así pues, el instinto cazador sigue siendo lo más importante en el carácter de esta raza.

Si deseas saber más sobre el Epagneul Bretón te recomendamos la publicación de la editorial Hispano Europea Epagneul Bretón Serie Excellence:

Epagneul Breton (Excellence) - Editorial Hispano Europea