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Bichón Habanero

Historia del Bichón Habanero


Bichón HabaneroAntes de que lea usted la particular historia del Bichon Habanero, debería saber que esta raza canina pertenece a la familia de los perros a los que se llaman Bichon, conocidos en toda Europa desde hace siglos.

La palabra francesa bichon significa «perro lanoso», y se cree que es una contracción de la palabra barbichon que en francés significa «barbudo». La palabra barbichon está, probablemente, relacionada con el término francés barbet, que es una antigua raza de spaniel de aguas similar al Caniche, del que descienden todas las razas de Bichon del mundo. Con el tiempo y el uso, el término bichon se ha vuelto sinónimo de perro completamente cubierto de pelo y que tiene una personalidad muy agradable y orientada hacia las personas. En los medios cinófilos, el término Bichon se aplica a un grupo de razas caninas cuyo origen más remoto parece ser común. Las referencias nos indican que eran conocidos ya en la antigua Grecia. Algunos siglos más tarde, aparecieron en todos los países de la cuenca mediterránea y se pusieron muy de moda en Europa durante el Renacimiento. En los siglos XV y XVI fueron introducidos en otros lugares del mundo debido a la expansión del imperio español, que dominaba la Europa Central en aquellos tiempos. Los españoles utilizaron su poder marítimo para conquistar y colonizar gran parte del Nuevo Mundo, además de algunas regiones de Asia y África. Se dijo de Carlos I de España y V de Alemania, de la casa de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico y rey de España, que gobernaba un imperio en el cual nunca se ponía el sol.

Gracias a esta dispersión de Bichon por muchas partes del mundo durante el siglo XVI, tenemos actualmente un cierto número de razas perfectamente desarrolladas y definidas. En algunos de estos países, los Bichon fueron cruzados con otras razas similares y el resultado fueron razas distintas con unos aspectos nuevos y propios. Las diferentes culturas y gustos dieron lugar a perros distintos, como las siguientes razas.

  • El Bichon Maltés

Su pelaje largo y blanco cae uniformemente a ambos lados del cuerpo, y no mide más de 25 cm a la cruz. Esta raza fue descrita en el año 200 a.C. bajo el nombre latín de Canis Melitaeus, que podría hacer referencia a la isla de Malta o a la ciudad siciliana de Melita, y se hallaba concentrado en Italia. El Maltés es el menor de todos los Bichon y pesa menos de 3 kg (generalmente de 1,8 a 2,7 kg).

  • El Bichon Frisé

Perro exclusivamente blanco y un poco mayor que el Maltés. Su pelaje es rizado y guarda la misma forma que el cuerpo. Sus orígenes se remontan al Bichon Tinerfeño (de las islas Canarias), pero fue desarrollado en Bélgica y Francia. Al igual que el Maltés, el Bichon Frisé tiene muchos admiradores en todo el mundo, y no sólo en su país de origen. La raza es de tamaño medio aunque en Gran Bretaña se la considera una raza miniatura, aunque no en América. Tiene una altura que oscila entre los 23 y los 28 cm.

  • El Bichon Boloñés

Perro de formas un tanto más cuadradas que los anteriores, el Boloñés tiene un pelaje lanoso y recibe su nombre de la zona donde primero dejó su huella: Bolonia (Italia). Al igual que el Maltés y el Frisé, el Bichon Boloñés es un perro completamente blanco y sin manchas de ningún tipo. Tiene una altura de 25,5 a 30,5 cm.

  • El LöwchenBichón Habanero

El Löwchen es un perro pequeño, cuadrado y de variados colores, con un pelaje corto esculpido de tal manera que le da una apariencia de león, por lo que recibe también el nombre de Pequeño Perro León. Era conocido en Alemania, España y Francia en el siglo XVI y actualmente se lo considera una raza rara, aunque ha atraído la atención a ambos lados del Atlántico. Al igual que el Bichon Habanero, el Löwchen puede presentarse en muy variados colores, y no solamente en el blanco tradicional. En cuanto al tamaño, el Löwchen puede tener una altura que oscila entre los 25,4 y los 33 cm y puede pesar de 3,6 a 8,2 kg.

  • Coton de Tuléar

El poco conocido Bichon de Madagascar descendió de los mismos animales que llegaron a la isla de Tenerife, que es de donde vino el Bichon Frisé. En francés, coton significa «algodón» y este término describe el tipo de pelaje deseable en la raza. El Coton de Tuléar fue reconocido por la FCI en 1970, a pesar de que la raza había sido una de las favoritas entre la nobleza francesa en el siglo XVII. La raza tiene una altura que va de 25,5 a 30,5 cm. En cuanto al color, es principalmente de color blanco, aunque puede tener manchas de color champagne sobre la cabeza y el cuerpo. Algunos ejemplares son de color blanco y negro.

Los orígenes del bichon Habanero

El Bichon Habanero se originó en Cuba a partir de una raza anterior llamada Blanquito de La Habana. Ese perro blanco con un apellido «geográfico » se originó, sin duda, en el famoso puerto, que fue visitado durante siglos por barcos y tripulaciones de todos los lugares del mundo, entre los que se incluían aquellos que traían productos, personas y costumbres de España. Todos ellos eran bienvenidos en la cálida Habana.

El Bichon Habanero adornó y alegró los hogares de la aristocracia cubana durante los siglos XVIII y XIX. Al llegar el siglo XX, y debido a los diferentes cambios que se fueron produciendo en las modas, los gustos, los intereses y las influencias, el Bichon Habanero fue apartado de las mansiones, pero fue rápidamente aceptado en hogares más modestos.

Para comprender cómo ocurrió todo esto, es necesario que echemos un vistazo más detenido a la historia. Cuando los españoles llegaron a Cuba, trajeron consigo ciertas razas de perros que les eran útiles en el proceso de la colonización: mastines, sabuesos y galgos españoles. Eran perros grandes y fuertes que podían cazar, vigilar las propiedades y, cuando era necesario, luchar. Sin embargo, no eran éstos los únicos perros que había en España, así que una vez que la época de la conquista fue quedando atrás y dio lugar a una vida colonial más estable, los españoles empezaron a traer a la isla perros de compañía (falderos) de menor tamaño que les sirvieron para el disfrute íntimo en el hogar.

Los Bichon se habían convertido en perros falderos de moda en Europa durante el Renacimiento y quizás desde un poco antes. Eran perros «muy pequeños… muy hermosos y alerta, con un pelo tan suave que parecía como seda… criados por las señoras y los nobles con fines de entretenimiento debido a los trucos y los juegos que eran capaces de aprender y ejecutar». Esta descripción aparece en Plantas cultivadas y animales domésticos en la América equinoccial, de Víctor Manuel Patiño.

Qué mejor distracción en una isla que, como Cuba, vivió muy aislada de España durante los dos primeros siglos de la colonización. El viaje podía, a veces, durar hasta seis meses. Los cubanos, por supuesto, estaban ansiosos por estar al día en las más refinadas costumbres europeas. En aquellos tiempos, España mantuvo un fiero monopolio comercial sobre Cuba, y es probable que los primeros perros falderos que llegaron a la isla provinieran directamente de España o, vía España, de otras tierras que mantenían contactos con el país.

Bichón HabaneroDebido a este monopolio y a los esfuerzos de otras potencias europeas por hacerse con las riquezas de las Américas, Cuba llevó a cabo lo que se ha venido a llamar «comercio de rescate» con los piratas franceses, ingleses y holandeses. A través de este comercio, ambas partes (piratas y colonos) adquirieron muchas cosas que de otra forma no hubieran conseguido mediante el comercio legal. No es imposible que estos contactos fueran la fuente para la introducción de algunos perros falderos en Cuba, especialmente a finales del siglo XVII.

Todo ello nos lleva a la conclusión de que los más remotos orígenes del Bichon Habanero se remontan a los antiguos perros de aguas españoles y a los perros falderos del tipo Bichon, aunque quizá otros perros hispanos tipológicamente afines también desempeñaran un papel. El Bichon traído desde Europa hasta Cuba se adaptó a la particular dieta y al clima, y a las costumbres y gustos de los residentes. Finalmente, estas condiciones dieron lugar a un perro diferente, de menor tamaño que sus predecesores y que tenía un pelaje completamente blanco y con una textura más sedosa, más a tono con las preferencias y con las lujosas condiciones de vida de sus nuevos criadores. Este perro era el Blanquito de la Habana.

Muchos escritores coinciden en señalar los albores del siglo XVIII como el periodo en que un perro al que los ingleses llamaban White Cuban era reconocido y apreciado en Inglaterra. Este Blanquito de La Habana o Perro de Seda de La Habana, que es como sería llamado más tarde, ha sido erróneamente identificado como el Bichon Habanero o el Bichon Maltés, y esto ha dado lugar a confusiones y malentendidos.

Aunque se publicaron pocas cosas en Cuba en ese periodo, hacia finales del siglo XVIII encontramos claras evidencias de que el Blanquito de la Habana se había multiplicado en los hogares acomodados de la capital. Un testimonio tal es el de la famosa condesa Merlin, una residente francesa nacida en Cuba, en su Viaje a La Habana. Describe los regalos típicos que recibió de su familia cubana antes de volver a Francia: «…dos perros pequeños, de unos 15 cm de longitud, con unos ojos grandes, redondos y negros que brillan a través de un pelo largo que es blanco como la nieve, están tumbados sobre unas cestas adornadas con unos 18 lazos de color rosa mientras esperan la partida…». Es curioso que esta cubana residente en Francia, que se movía entre la más refinada sociedad de París y Madrid, y que debía haber conocido perros falderos europeos, considerara al Blanquito de La Habana tan inusual y típico de su isla natal que nunca lo pudo comparar con ninguna otra raza.

Otra evidencia aparece en el Retrato de una mujer joven, pintado en 1797 por el primer pintor importante de Cuba, Vicente Escobar, cuyos cuadros tenían omo tema a los cubanos de clase alta. Este cuadro nos muestra una joven aristócrata que tiene entre sus brazos a un Blanquito de la Habana. A finales del siglo XVIII, en el Papel Periódico de La Habana, el diario más importante de la isla, aparecían noticias de perros perdidos y anuncios que pedían «perritos finos ». («Perrito Fino» era sinónimo de Maltés, que era el nombre que los cubanos dieron y siguen dando, incorrectamente, al Bichon Habanero). Además, un diario crítico de 1800, El Regañón de La Habana, atacó las costumbres que estaban de moda entre los ricos, como las horas que empleaban bañando y acicalando a sus perros falderos.

El siglo XVIII marcó el comienzo de la consolidación de los gustos y los estilos cubanos, aun a pesar del celo que ponían las adineradas familias de hacendados criollos en seguir muy de cerca las más refinadas costumbres europeas, imitando las últimas modas con sorprendente éxito. Se dijo que en La Habana, las clases altas vestían y vivían como las de Madrid, Londres o París, y que La Habana acogía representaciones de las más afamadas compañías teatrales y operísticas de Europa (privilegios de ricos, naturalmente). En esos tiempos, las condiciones de vida en la isla, el clima (tan distinto del europeo), además de otros factores, habían ido moldeando un carácter cubano que era distinto del peninsular. Naturalmente, estos cambios culturales también afectaron a los perros.

El Blanquito de la Habana fue, al igual que cualquier otra raza canina, un claro producto del gusto y la cultura de sus criadores, los cuales le impusieron el sello de su época y de sus circunstancias. Ellos prefirieron un perro miniatura de color blanco, con un pelo sedoso y largo y con un carácter extremadamente cariñoso y vivaz.
Bichón Habanero
El Diccionario enciclopédico hispanoamericano, publicado en 1894, lo describe de la siguiente manera: «el pequeño perro habanero, Canis vellerosus, se encuentra en La Habana, es más pequeño (que el Maltés) y se halla cubierto de una especie de vellón largo, rizado, blanco y satinado o sedoso. Los individuos llevados a Europa no han podido resistir durante mucho tiempo el cambio de clima».

Por último, escuchemos la descripción que hace del Blanquito el escritor español Alejandro Bon en El perro: «Es una verdadera bola de nieve, o mejor, de seda blanca, con una trufa negra y dos ojos vivos y brillantes casi escondidos tras el largo pelo de su cabeza. Es muy pequeño y no pesa más de dos 20 kilogramos y medio. Como su largo pelaje llega hasta el suelo, no se le ven los pies, y cuando avanza parece hacerlo arrastrándolos. Su cola tiene forma de penacho, es muy lanosa, está inclinada sobre el dorso y caída a un lado. Tiene un carácter vivo e inteligente y, aunque es muy fiel a sus dueños, puede ser algo desdeñoso en ocasiones. Este perro exige constantes baños y cuidados especiales para mantenerlo sano».

J. Brouwer Etchecopar, un pionero de los estudios cinológicos en Cuba, escribió lo siguiente en Razas caninas: «Existe una considerable confusión respecto al Blanquito Cubano. Según Lloyd, se trata de un cruce entre un Caniche Miniatura alemán o francés y un Maltés, pero de mayor tamaño que este último y con un pelaje que se arrastra por el suelo. Resulta también algo confuso el nombre de Maltés, ya que éste es el nombre que recibe este perro en la capital de Cuba, mientras que en otros países europeos se le llama Habanero o Blanquito de la Habana sin que, hasta el momento, hayamos podido descifrar estas diferencias». El único problema con el que nos encontramos aquí es que Lloyd y Etchecopar no están hablando del Blanquito de la Habana, sino más bien del Bichon Habanero, y aunque las dos razas pertenecen al tipo Bichon, sus características son marcadamente diferentes. Cuando España puso fin al monopolio comercial en Cuba, la isla empezó a disfrutar de las ventajas que presentaba su privilegiada situación geo ráfica. Llegaron inmigrantes a la isla para trabajar las fértiles tierras y establecer sus negocios. Un caso especial en este sentido lo constituyeron los franceses, particularmente los que habían vivido en las colonias de Santo Domingo y Haití. Cuando estalló en ellas la revolución, miles de colonos franceses emigraron a Cuba, trayéndose con ellos no sólo sus riquezas, sino también su cultura y su modo de vida, lo que incluía, naturalmente, a sus perros.

Los Caniches, probablemente originarios de Alemania, pero adoptados por Francia, empezaron a darse a conocer en la Cuba del siglo XIX. Algunos pudieron haber llegado con los inmigrantes franceses, pero sus antecesores pudieron también haber llegado desde territorio germano, a través de Francia, o de la propia España, ya que estos países tenían una relación directa con la raza.

Con la llegada de un mayor número de Caniches a Cuba, el Blanquito de la Habana empieza su transformación. No es de extrañar que los hacendados criollos se vieran un tanto deslumbrados por estos nuevos perros y consideraran ventajoso su cruzamiento con su raza autóctona, tal vez con el propósito de aumentar el tamaño y de variar el color del Blanquito de la Habana. Y así, paulatinamente, entró en escena una nueva raza de perros: el Bichon Habanero.

El Bichon Habanero se origina, pues, en el siglo XIX, como resultado del cruzamiento entre Blanquitos de la Habana y Caniches. En estos cruzamientos s evidente que el tipo del Bichon quedó inalterado. En realidad, los criadores cubanos de Caniches han tenido que esforzarse muchísimo para eliminar de sus líneas el cuerpo alargado y las extremidades cortas del Bichon, que fueron, definitivamente, impuestos en estos primeros cruzamientos no sólo a través de la genética, sino también a través del gusto tradicionalmente cultivado que daba preferencia al fenotipo de esta raza.

Bichón HabaneroDe cualquier modo, el Bichon Habanero es ante todo (y al margen de cualquier hipótesis sobre su origen), la suma de una gran variedad de antecedentes (al igual que lo son las gentes cubanas). El Bichon Habanero es la interpretación cubana del perro faldero tipo Bichon, tan abundante en Europa a partir del Renacimiento. El Bichon Habanero fue, como el Blanquito de la Habana que le precedió, la mascota de la aristocracia colonial hasta principios del siglo XX, cuando se impusieron los gustos norteamericanos, que dieron lugar a un cambio en las modas y las preferencias caninas. A partir de aquel momento, el Bichon Habanero ya no fue la mimada mascota de los ricos y pasó a ser el atrevido y afectuoso amigo de la gente común de las ciudades.

Se le siguió criando en Cuba durante todo el siglo XX (especialmente en calidad de mascota) ya que continuaba siendo el perro preferido por las familias cubanas. El carácter del Bichon Habanero, tan similar al de sus dueños, la facilidad de su manejo, su extraordinaria inteligencia y la belleza de su capa contribuyeron a la ininterrumpida popularidad de la raza como compañero familiar. Sin embargo, durante el último cuarto del siglo XX su cría se ha intensificado notablemente y ha pasado a ser no sólo un animal de compañía, sino también un apreciado perro de exhibición que disfruta de un gran éxito por su gracia y alegre disposición. Durante las exposiciones caninas de Cuba (para todas las razas) de 1993 y 1994, dos Bichon Habanero conquistaron, respectivamente, los títulos de Segundo Mejor de Exposición (o Reserva del Mejor de la Exposición) y el de Mejor Cachorro de la Exposición. Otro cachorro de esta raza consiguió también este último título en la exposición canina (para todas las razas) de 1997, celebrada en La Habana.

Desde hace casi una década, el Bichon Habanero ha contado con la protección de su club matriz (el Club Cubano del Bichon Habanero o CCBH). Oficialmente fundado por la autora en 1991, el CCBH estableció un programa genético riguroso destinado a garantizar el correcto desarrollo del Bichon Habanero y estableció una línea de cría bajo el afijo «de la Giraldilla», que es el símbolo de La Habana. El CCBH es miembro de la Federación Cinológica de Cuba (o Club Canino Cubano), que es, a su vez, miembro de la Fédération Cynologique Internationale.

La popularidad de este perro es cada día mayor en Cuba, su país natal, donde su profusión contrasta, curiosamente, con la escasez de Bichon Habanero en el resto del mundo.

El Bichon Habanero en los Estados Unidos

Cuba y los Estados Unidos mantuvieron un estrecho vínculo durante la primera mitad del siglo XX. Dado el número de cubanos que vivieron en los Estados Unidos durante el periodo colonial y la cantidad de norteamericanos que, tras eso, residieron en la isla, el Bichon Habanero fue probablemente conocido en el norte desde principios de siglo o desde antes. Sin embargo, su cría sistemática en los Estados Unidos no comenzó hasta los 24 años 70.

Después del éxito de la revolución socialista en Cuba en los años 60, muchos cubanos ricos emigraron desde la isla hacia el sur de los Estados Unidos y a otros países cercanos como Puerto Rico y Costa Rica. Algunos de ellos se llevaron consigo a sus perros, entre los que se incluían los Bichon Habanero, como un recuerdo vivo de su tierra natal. Con el tiempo, estos emigrantes cubanos empezaron a implantar su cultura y sus gustos en su nueva patria, especialmente en Florida, donde se establecieron la mayoría de ellos. Debido al número de cubanos, el impacto de sus costumbres y de su estilo de vida en la sociedad norteamericana fue mucho mayor que nunca. Cuando hoy día visitamos Florida, la influencia cubana es profunda, tanto en la cultura como en el lenguaje lo que se percibe tanto en las costumbres como en el modo de vida.

Esta difusión de la cultura cubana dio como resultado el afortunado incidente por el cual una criadora estadounidense llamada Dorothy Goodale conoció la existencia del Bichon Habanero. Intrigada y fascinada, Mrs. Goodale comenzó a buscar más información sobre esta raza canina hasta entonces desconocida para ella, y que le ofrecía una alternativa a los perros de gran tamaño que había preferido criar cuando era más joven. Decidió poner un anuncio en un periódico de Miami para tratar de localizar ejemplares del pequeño perro. Gracias a estos anuncios, dio con dos o tres familias de inmigrantes que habían traído a sus Bichon con ellos. Gracias a ellos, Mrs. Goodale logró adquirir seis Bichon Habanero con pedigree: una madre con cuatro cachorros hembra y un joven macho no emparentado con las anteriores. Un poco más tarde, pudo hacerse con cinco machos más de un cubano que se estaba mudando de Costa Rica a Tejas y que no podía conservar por más tiempo a sus perros.Bichón Habanero

Criadora experimentada, Mrs. Goodale comenzó a trabajar con los once ejemplares de Bichon Habanero que había obtenido, usando el estándar de la raza publicado por la Fédération Cynologique Internationale. Sus primeros ejemplares aparecieron en 1974 y constituyeron un éxito inmediato, atrayendo a otros criadores. En 1979, Dorothy Goodale, junto con su esposo Bert y un grupo de colaboradores, fundaron el Havanese Club of America para aquellos interesados en la cría y propiedad de Bichon Habanero.

En 1991, el United Kennel Club de los EE.UU. anuncia su reconocimiento del Bichon Habanero y acepta como válido cualquier perro registrado por el matrimonio Goodale. El Havanese Club of America obtuvo el reconocimiento del American Kennel Club en el año 1996.

Mientras tanto, el club original se divide en dos. Mrs. Goodale y algunos amigos constituyeron el Original Havanese Club of America, en tanto que el otro grupo de criadores continuó como el Havanese Club of America.

Al desarrollar su línea de Bichon Habanero, Mrs. Goodale siguió el estándar de la Fédération Cynologique Internationale aprobado en 1963, que reconocía a esta raza como cubana; pero con el tiempo consideró necesario modificar ese estándar y así lo hizo. Por ello actualmente nos encontramos con dos estándares en los Estados Unidos: el del Original Havanese Club of America y el del Havanese Club of America (que probablemente fue redactado después de la escisión del club). Ambos son muy parecidos y se aproximan bastante al estándar cubano. La FCI y el Kennel Club inglés tienen, cada uno, su propio estándar.

Con el paso del tiempo y el aumento del número de Bichon Habanero en los Estados Unidos, los criadores empezaron a exportarlos a Europa. Actualmente, el Bichon Habanero es conocido en varios países europeos y está ganando rápidamente en popularidad, tanto por su exotismo como por las cualidades que le hacen ser no sólo un hermoso perro de exposición, sino también un excelente perro de compañía y de guarda.

De todas formas, se debería resaltar que la reproducción del Bichon Habanero fuera de Cuba ha desvirtuado un tanto la homogeneidad y corrección en el tipo. Después de todo, los criadores en los Estados Unidos comenzaron con una reserva genética muy limitada, situación que se ha mantenido a través de los años debido a la imposibilidad de adquirir perros originarios de Cuba, donde se encuentra la verdadera base de la raza y una reserva genética ilimitada.

La historia del Bichon Habanero en los Estados Unidos acaba con un punto positivo, puesto que la raza ya ha sido reconocida por el American Kennel Club, que es una de las instituciones que sirve como referencia a los perros de pura raza en los Estados Unidos.

Precisamente el reconocimiento por parte del American Kennel Club, es como el espaldarazo que recibe una raza, que le sirve para ser cada vez más conocida, popularidad que contribuye a su expansión y que cada vez sean más los ejemplares de Bichon Habanero que existen en los EE.UU. y no sólo precisamente en Florida.

En el repaso que acabamos de hacer a la historia del Bichon Habanero, hemos visto que en el curso de los años ha hecho su aparición, en los más dispares lugares, desde Tenerife a Madagascar, pero manteniendo siempre el aspecto clásico del Bichon.

Si deseas saber más sobre el Bichon Habanero te recomendamos la publicación de la editorial Hispano Europea Bichon Habanero Serie Excellence:

Bichon Habanero (Excellence) - Editorial Hispano Europea