Un gatito neonato sin madre es una emergencia. Sin los cuidados adecuados, los cachorros de menos de cuatro semanas no sobreviven por sí solos: no regulan la temperatura, no pueden orinar ni defecar sin estimulación y dependen de una alimentación cada pocas horas. Con la información correcta y dedicación, es posible criarlos con éxito.
La hipotermia es la principal causa de muerte en neonatos. Un gatito frío no puede digerir correctamente, así que antes de intentar alimentarlo hay que garantizar que su temperatura corporal esté entre 35 y 37 °C. Podéis usar una manta térmica regulada a baja temperatura o una botella de agua caliente envuelta en una toalla, renovada cada dos horas. Nunca ponerlos directamente sobre una fuente de calor.
El espacio debe mantenerse a unos 29-32 °C durante la primera semana, bajando gradualmente a 24 °C en la cuarta semana.
La leche de vaca provoca diarrea grave en gatitos y puede matarlos. Utilizad una leche maternizada específica para gatos, disponible en clínicas veterinarias y tiendas especializadas. Las marcas más habituales en España son KMR, Beaphar y Royal Canin BabyMilk.
Las cantidades y frecuencia según la edad son:
Administrad la leche con jeringuilla sin aguja o biberón específico para felinos. El gatito debe estar boca abajo o ligeramente incorporado, nunca boca arriba, para evitar aspiraciones.
Hasta las tres semanas de vida, los gatitos no eliminan solos. Después de cada toma hay que masajear suavemente la zona genital y anal con una gasa húmeda en agua tibia, imitando lo que hace la madre con la lengua. Sin esta estimulación, el neonato desarrolla retención urinaria o estreñimiento, ambos potencialmente letales.
Una vez que el gatito orine y defeche (heces amarillentas y pastosas son normales), limpiad bien la zona y secadla.
Pesad al gatito cada día con una balanza de cocina. Debe ganar entre 10 y 15 gramos al día. Si pierde peso dos días seguidos, si llora de forma continua, si tiene diarrea líquida o si la barriga está muy hinchada, acudid al veterinario sin demora.
Los signos de buena salud incluyen: succión vigorosa, barriga llena y redondeada, sueño tranquilo entre tomas y ganancia de peso constante.
A partir de las tres semanas los gatitos empiezan a abrir bien los ojos, a moverse con mayor coordinación y a mostrar interés por el entorno. Es el momento de comenzar el destete introduciendo pequeñas cantidades de alimento húmedo mezclado con la leche de sustitución. A las seis o siete semanas ya deberían comer solos, aunque la socialización y el manejo diario continúan siendo fundamentales para su desarrollo.
Criar un gatito neonato sin madre requiere constancia y atención, pero los resultados son gratificantes. Ante cualquier duda, consultad con un veterinario: muchas clínicas y protectoras tienen experiencia con neonatos y pueden orientaros en los momentos más críticos.