La agresividad es la alteración del comportamiento con mayor repercusión tanto para el animal como para el propietario, ya que no sólo no es agradable la mordedura de un perro, sino que la mayoría de los dueños acaban desarrollando miedo hacia el animal, reduciendo mucho el éxito del tratamiento. Además, estos animales tienen problemas en las relaciones sociales y no saben cómo comportarse hacia las personas y hacia otros animales. La agresión también puede desarrollarse hacia los niños pequeños, debido a la gran actividad de estos, por sus movimientos inesperados y particular tono de voz, los cuales serán siempre un peligro potencial. En la mayoría de los casos las consecuencias de la agresividad son denuncias a los propietarios, transmisión de enfermedades, y al final y lamentablemente el sacrificio.
Existen diversos tipos de agresividad como la agresividad redirigida, por miedo, competitiva o por conflicto, por dolor y/o irritación, posesiva, territorial y por dominancia. Siendo éste último el más frecuente, el objetivo de esta agresión son los propietarios cuando intentan controlar diversas situaciones en las que se genera un conflicto jerárquico, y el perro reacciona con agresividad para mantenerse jerárquicamente superior a los dueños.
Al igual que hay tal variedad de tipos de agresividad, sus causas también son muy diversas, desde problemas médicos como artritis, otitis crónicas entre otros, que generen dolor al animal y éste gruña, o muerda para evitar ser tocado. Por esta razón, siempre es necesario descartar cualquier tipo de patología orgánica antes de poder diagnosticar un problema de comportamiento.
En la mayoría de las agresiones, el perro presenta un nivel de ansiedad elevado, esto conlleva a no saber cómo reaccionar antes las situaciones, a tener dudas de cómo resolverse el conflicto en el que se vea involucrado, sentirse indefensos y sin poder controlar la situación y finalmente, pueden percibir una situación como amenazante cuando en realidad no lo es.
Los perros agresivos pueden causar mordeduras importantes, pero no únicamente la mordedura o el intento de la misma son signos de agresión, sino también los gruñidos y ladridos cuando es castigado, o cuando se acercan tanto personas como otros animales mientras está comiendo o descansando, o frente a extraños cuando pasean por la calle o cuando visitan la casa.
Es importante entender que no sirve de nada intentar corregir o impedir una conducta agresiva mediante castigos, ya que ésto solo servirá para reforzar el problema y agravarlo. Así, los cachorros que han sido castigados físicamente tienen tendencia a desarrollar agresividad por miedo. Por otro lado, algunos perros pueden ser agresivos porque de forma natural son ansiosos y miedosos, y no es necesario que hayan tenido malas experiencias. Y muchas veces la agresión aparece cuando el animal se siente acorralado, con poca posibilidad de huida.
El problema de la agresión, es que los perros aprenden a que con su conducta agresiva hacen que el estímulo amenazante desaparezca, este aprendizaje conlleva a que la agresión se vuelva reiterativa. Es decir, si el perro ha mordido a una persona cuando estaba comiendo, y esa persona se ha retirado, el animal aprende a que mordiendo la amenaza desaparece, y repetirá el intento de morder cada vez que se sienta amenazado.
La agresividad tiene tratamiento, pero es mejor su prevención, mediante una buena socialización de los cachorros, exponerlos a la mayor cantidad de estímulos posibles, educándolos correctamente, conocer el lenguaje corporal de los perros para poder predecir y evitar un ataque y lo más importante de todo, detectar el problema de agresividad lo antes posible para obtener éxito en su tratamiento y poder evitar el sacrificio de nuestra mascota.
Artículo escrito por la Escuela de Cachorros y Perros UCM.
Reconocer el tipo de agresividad que presenta un perro es el primer paso para abordarla correctamente. La agresividad por miedo se manifiesta cuando el animal se siente amenazado o acorralado: el perro suele mostrar orejas hacia atrás, cola baja y puede gruir o morder si no puede escapar. La agresividad territorial aparece al defender el hogar o el vehículo frente a extraños. La agresividad posesiva se produce en torno a recursos como la comida, juguetes o incluso personas. La agresividad por dolor es especialmente relevante en perros mayores con artritis u otras patologías crónicas: un toque inesperado en una zona sensible puede desencadenar una mordedura sin previo aviso. En todos los casos, los señales de aviso tempranos, como el gruido, la mirada fija o el erizado del pelo, deben tomarse en serio y nunca ignorarse ni castigarse, ya que suprimirlos impide que el perro comunique su malestar antes de escalar a la mordedura.
El tratamiento más eficaz y avalado por la evidencia científica es la modificación de conducta realizada bajo la supervisión de un profesional cualificado. Las técnicas más utilizadas son la desensibilización sistemática, que expone al perro de forma progresiva y controlada al estímulo que provoca la agresión, y el contracondicionamiento, que asocia ese estímulo con experiencias positivas como premios o juego. Es fundamental no emplear el castigo físico ni collares de electrochoques, que aumentan la ansiedad y la probabilidad de mordeduras. En algunos casos, el veterinario especialista en medicina del comportamiento puede valorar el uso de psicofármacos como ansiolíticos o antidepresivos como apoyo al trabajo conductual, especialmente cuando la base del problema es una ansiedad generalizada. La castración puede reducir la agresividad intermaschos en algunas situaciones, pero no es una solución universal y debe evaluarse caso por caso.
Ante cualquier episodio de mordedura o amenaza de mordedura, la consulta con el veterinario debe ser inmediata. El primer paso es descartar causas médicas que expliquen el cambio de comportamiento: hipotiroidismo, dolor crónico, epilepsia o alteraciones neuriológicas pueden manifestarse como agresividad repentina. Si el examen clínico no revela patología orgánica, el veterinario puede derivar al propietario a un especialista en etología o a un adiestrador certificado con base en aprendizaje positivo. No esperes a que los episodios se repitan o escalen en intensidad: cuanto antes se inicia el tratamiento conductual, mejores son las perspectivas de recuperación. Recuerda que los perros con historial de agresividad severa pueden representar un riesgo real para personas vulnerables, por lo que la gestión responsable de la situación es una obligación legal y ética del propietario.